«La calle es mi vivir, entro y salgo, y por eso todo el mundo me conoce en Adra»

«La calle es mi vivir, entro y salgo, y por eso todo el mundo me conoce en Adra»

A sus 85 primaveras, Ana Utrera ha sido la encargada de leer el tradicional pregón para inaugurar las fiestas

MARÍA TORRESADRA

Ana Utrera, Anita para sus paisanos, ha sido la encargada de dar el pistoletazo de salida a la Feria de Adra y lo ha hecho con un discurso sencillo, cercano y simpático. Así es la pregonera de este año, una abderitana inadaptada a su tiempo que sonríe a la vida cada día sin prejuicios. Con 85 años a sus espaldas, ayer se subió al balcón de la Casa Consistorial para pronunciar el tradicional pregón. Horas antes concedió tres entrevistas. Esta es una de ellas.

–La vida le sigue dando sorpresas. ¿Alguna vez pensó que sería la pregonera de la feria de su pueblo?

–Nunca. Estoy realmente sorprendida. Cuando me llamó el alcalde para decírmelo, le dije que me dolía la garganta, pero no le convencí y me dio fatiga decirle que no.

–¿Por qué cree que ha sido la elegida?

–En Adra me conoce y me quiere todo el mundo o, al menos, eso parece. El Día de la Mujer Trabajadora me dieron un homenaje cuando yo no he trabajado en mi vida. Tan sólo me he dedicado a mi familia como tantas otras mujeres. Tampoco soy más generosa que nadie. No tengo estudios. Solamente soy una mujer sencilla que trata a todo el mundo por igual.

–Durante media vida y hasta hace pocos años, ha residido en una de las casas más enviadas de Adra, la casa de los Gnecco. ¿Qué nos puede contar de esta vivienda?

–Es una de las casas más bonitas que hay en Adra y la casa barroca más antigua que se conserva. Está en la calle Ave María y fue construida entre finales del siglo XVI y principios del XVII. Perteneció a doña Blanca Gnecco, mi suegra, y fue heredada por su único hijo, mi marido. Nunca me ha importado enseñarla cuando me lo pedía. Procuraba, eso sí, que todo estuviese 'ordenaíco'.

–¿Cómo recuerda sus ferias?

–Disfrutaba mucho. Íbamos a bailar, al 'tinglao', cerca de la playa. Allí debuté de niña a mujer. Dejé de salir con mis padres, cumplidos los 18 años, para hacerlo con mis amigas. Me ha gustado mucho salir y entrar. La calle es mi vivir y por eso me conoce todo el mundo. Adra ha mejorado mucho y, aunque la gente es muy bruta, es buena gente.

–¿Y cómo son sus fiestas ahora? ¿Ya no baila?

–Ya no voy a los bailes porque no me pega. Me equivoqué al nacer. Yo tendría que haber nacido ahora.

–¿Por qué?

–A mi me gusta todo lo moderno y, sin embargo, me tuve que adaptar a unos tiempos donde la mujer era poco menos que 'ná'. Ahora yo veo que la mujer trabaja, que ha tomado las riendas de su vida y que ya no mandan tanto ni sus padres ni su marido. Y eso que mis padres eran muy modernos. Mi madre tenía la carrera de piano y pintaba cuadros. Sólo mi único nieto, Alberto, ha heredado ese gusto por la música. Sé que le viene de su bisabuela.

–Cuando mira para atrás, ¿se arrepiente de algo?

– De lo que más me arrepiento es de no haber estudiado. Menos para maestra, porque no me gustan los niños, cualquier cosa habría estudiado. Hice hasta 3º en Almería, en las Hijas de Jesús, pero nunca quise estudiar. La carrera entonces era 'ca-sar-te'. Esa era la carrera de la mujer y, si tenías que dejarlo porque no se podía aguantar más, estaba muy feo. Mi suegra tuvo pantalones. Se separó cuando corrían otros tiempos, hace ya 87 años, ocho meses después de casarse. Yo desgraciadamente enviudé cuando tenía 57 años y fruto de mi matrimonio nacieron Ana y Blanca, mis hijas.

–¿Cómo le gusta disfrutar de la vida?

–Viajando. He visitado Polonia, Rusia, República Checa, Siria, Italia... Viajo con mis hijas o con un grupo de amigos. Desde que conocimos Jerusalén, nos pusimos de nombre 'los palmeros'. Ahora sigo viajando, pero son trayectos más cortos.

–¿Nos va a desvelar el truco para llegar a su edad con esta lucidez?

–(Risas) Hace un par de años sufrí un derrame cerebral, pero no me ha quedado ninguna secuela. Estoy igual o mejor y hasta los médicos se sorprenden. Conservo la memoria y los número de teléfono no se me olvidan. Los relaciono con fechas importantes. Cada uno memoriza como quiere. Yo no tengo móvil. Ahora me han regalado uno y no sé qué hacer con él.

–Aunque no acostumbre, ¿veremos pasear a la pregonera por las calles de Adra estos días?

–Saldré un poquito, sí, para que la gente me vea y me felicite por el pregón. Aunque me haya salido mal, no me lo van a decir (más risas).

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