La dislexia grita su nombre en Adra

La dislexia grita su nombre en Adra

Axdial organiza su encuentro anual en la barriada abderitana

MARÍA TORRES ADRA

Son tachados de vagos, irresponsables, inmaduros o infantiles, aunque en muchos casos presentan un coeficiente intelectual elevado. Soportan, la mayoría sin saberlo, una dificultad añadida para leer y escribir. La imagen es su principal aliado para avanzar. Se calcula que ente el 10 y el 15 por ciento de la población lo padece, pero el volumen de casos diagnosticados es ínfimo. Es la 'radiografía' de la dislexia, un trastorno que grita su nombre en la provincia desde hace una década gracias a colectivos como Axdial, Asociación de Disléxicos de Almería.

Adra ha servido de escenario para celebrar su encuentro anual. La jornada de convivencia tuvo lugar en la barriada más antigua del término municipal, La Alquería. Ubicada a escasos kilómetros de la costa, los visitantes -algo más de un centenar, llegados desde distintos puntos de la provincia- tuvieron tiempo para disfrutar de su iglesia, de su museo, de su río y de su gastronomía. Además, se rescataron juegos tradicionales y se representó parte de una obra de teatro. El objetivo patente de Axdial era dar a conocer a los socios entre sí. El latente, hacer visible una dificultad en el aprendizaje frecuente que la sociedad desconoce.

Principales dificultades

Mari Ángeles González, presidenta de Axdial, ha visitado recientemente el colegio Nueva Andalucía de Adra para hablar de dislexia. «De 200 alumnos, sólo 2 han sido diagnosticados», apunta. En este dato radica una de sus principales preocupaciones: la ausencia de un diagnóstico precoz. «La dislexia es un cajón desastre vinculado a la lectura, a la escritura, a la ortografía, al déficit de atención, a la hiperactividad, a altas capacidades, etcétera», reconoce. A pesar de ello, se puede detectar en las edades más tempranas para ser tratado. De lo contrario, el disléxico podría afrontar el resto de su vida sin la ayuda que necesita. Confundir posiciones y colores, coger el lápiz de una manera determinada o simplemente no gatear pueden ser sintomáticos ante una dislexia.

«Cuando los diagnósticos son tardíos, el retraso con respecto a sus compañeros ya es muy avanzado», denuncia. Sin embargo, cuando la dislexia se detecta en edad escolar, el alumno tiene derecho a tener ciertas facilidades en su aprendizaje. «Son adaptaciones no significativas como realizar exámenes orales, fraccionar las evaluaciones, reducir el número de preguntas para que tenga tiempo de terminarlo o leerle el enunciado», explica. En este sentido, la responsable de Axdial apela a la formación y a la sensibilización del profesorado. «No somos bichos raros, ni torpes, ni inmaduros. Somos personas muy sensibles, imaginativas e inteligentes. En definitiva, personas normales», afirma. «Aprendemos viviendo», sentencia.

Casos reales

Eva tiene 14 años y es disléxica. Se lo diagnosticaron hace apenas unos meses y, según reconocen sus padres, «le ha cambiado la vida». Localizado el problema, sigue asistiendo al logopeda y acude a clases particulares, pero ha recuperado las ganas de aprender.

A Eva siempre la han considerado «mala estudiante». En junio le quedaron cuatro asignaturas y, a pesar de sus esfuerzos y de las limitaciones que ella misma se impuso durante el verano, suspendió en septiembre. Sorprendidos, sus padres indagaron sobre lo ocurrido hasta que finalmente las pruebas realizadas apuntaron a un caso de dislexia.

Eva, cuyo coeficiente intelectual está por encima de la media, sigue teniendo las mismas dificultades para leer y escribir, pero ha aprendido a hacerlo con imágenes. Utiliza las «adaptaciones» que su centro de enseñanza pone a su disposición, como más tiempo para terminar los exámenes, y empieza a ver el resultado de sus esfuerzos. «Ha pasado de lamentarse a querer estudiar. Ahora quiere ser abogada», afirma su padre con orgullo. «Hacen falta más recursos para evitar que los casos de dislexia terminen en fracasos escolar», advierte.

Desde el año 2009, Axdial presta asesoramiento y formación en la provincia de Almería a personas disléxicas y a sus familiares, ya sea de forma presencial o telefónica. A lo largo del año, se organizan cursos formativos para enseñar «métodos alternativos de aprendizaje», talleres sobre mapas mentales, congresos sobre el asunto y otras iniciativas relacionadas. Desde el colectivo se exige a las administraciones «más recursos» para dar respuesta a la dislexia.

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