Nace en Adra una asociación para tender una ‘mano amiga’ a las víctimas de violencia de género

Nace en Adra una asociación para tender una ‘mano amiga’ a las víctimas de violencia de género

El Hospital de Poniente atiende cada año a 70 mujeres que reconocen sufrir malos tratos

MARÍA TORRESADRA

Con el nombre y apellido de las 89 mujeres que han muerto en España por el hecho de serlo, reflejado sin más comentarios sobre la pantalla del Centro de Interpretación de la Pesca de Adra, daba comienzo la primera convocatoria pública de Mujeres en Lucha. Creada en la primavera del año pasado, es una asociación abderitana que nace con vocación de arropar a las víctimas de violencia de género en el difícil trago de querer romper con el terror que las anula como personas. Una huida hacia adelante en busca de la dignidad que un día perdieron.

Al frente de Mujeres en Lucha está Sandra Torcuato, presidenta de este colectivo único en la comarca del Poniente. Madre de una niña pequeña, sufrió en primera persona la violencia de género durante cuatro años. En pleno desconcierto, entre el dolor y la desesperación, Sandra echó de menos una ‘mano amiga’ que le marcase el camino a seguir para escapar. Esa ayuda es la que hoy tiende Mujeres en Lucha, una asociación que quiere servir de enlace con los recursos que hoy por hoy ofrece la sociedad a las mujeres que sufren violencia física, psicológica, sexual, social o ambiental por parte de sus parejas de sus parejas o ex parejas. Una ‘mano amiga’ no sólo para ellas sino también para sus hijos, víctimas de una lacra que se ha cobrado la vida de 44 mujeres en lo que llevamos de año en España y ha dejado a 23 niños huérfanos (al cierre de esta edición).

En su primera convocatoria pública, el colectivo abderitano contó con la presencia de profesionales del Hospital de Poniente y de la Guardia Civil, así como con representantes del área de Mujer del Ayuntamiento de Adra y del Instituto Andaluz de la Mujer, dependiente de la Junta de Andalucía. José Carlos Fernández, enfermero de Urgencias en el Hospital de Poniente y especialista en casos de violencia de género, puso de manifiesto la importancia de «dejar de ver normales cosas que no lo son». Enfatizó, además, en el aislamiento al que son sometidas las víctimas, lo que otorga a los profesionales sanitarios un papel primordial. «En ocasiones somos el único contacto con el exterior que tienen y ante casos recurrentes de insomnio, depresión, estrés o ansiedad podemos encontrarnos indicadores de violencia de género no reconocida», apunta.

Considerado un problema de salud pública, por su elevado alcance, el Hospital de Poniente atiende de media a 70 mujeres al año que reconocen estar siendo maltratadas. «Los casos no reconocidos no se pueden cuantificar», lamenta este enfermero. En este sentido, Rafael Montoya, trabajador social del mismo complejo hospitalario, añade que «la mujer debe ser protagonista de su proceso». En el caso de los casos no reconocidos, sin signos explícitos de maltrato, los facultativos no pueden obligar a la víctima a dar un paso, la denuncia, que debe partir de su propia voluntad para prosperar. «Es difícil ser protagonista cuando eres tan vulnerable», apostilló una oyente. No obstante, los médicos están obligados a realizar un parte judicial cuando los signos son evidentes, cuando la agresión es física o sexual, un documento que debe redactarse con exhaustividad para su posterior análisis a manos de un juez. El parte de lesiones llega al Ministerio Público en 24 horas. De inmediato, en los casos más graves.

El análisis

Preocupados por la violencia de género, la que se ve y la que no, los profesionales que normalmente atienden a víctimas de violencia de género atesoran muchas claves, fruto de su experiencia profesional. Que tu novio o marido critique a una mujer por su forma de vestir, que simplemente con la mirada exprese su desacuerdo por la presencia de un compañero de trabajo, que entre en cólera por una salida con amigas o por un mero retraso en la hora de llegada o que lance un puñetazo al aire son síntomas de que «algo no va bien», según puso de relieve Francisca Serrano, coordinadora del IAM en Almería. «¿Qué le sucede a una mujer para permitir durante 30 años una violencia constante?», se pregunta. «Te insulto, te aíslo, te controlo, te pego, pero te pido perdón porque te quiero mucho», ejemplificó. Quizá ahí esté la clave. Serrano insiste en aprovechar la ayuda que se presta desde el organismo que preside en cuanto a información, asesoramiento y atención psicológica a la víctima y a sus hijos «con o sin denuncia». No obstante, Serrano es clara:. «La denuncia salva vidas. De las 2.500 mujeres que hemos atendido todas están vivas», reconoce para romper una lanza a favor de la esperanza.

La próxima cita de Mujeres en Lucha, aún por concretar, será un taller para desmontar los mitos del ‘amor romántico’, una forma de enfocar las relaciones personales que puede conducir a muchas mujeres a un escenario cargado de violencia.

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