La Inmaculada pide limosna

La Inmaculada pide limosna
  • La Cofradía del Cristo de la Expiración de Adra recopila donativos para financiar la restauración de la titular de la parroquia

Lleva impreso el paso del tiempo en su rostro y en sus manos. También cada salida en procesión para conmemorar la resurrección de Jesucristo. Desde hace poco más de un mes, la imagen de la Inmaculada de Adra está siendo sometida a un proceso de restauración. Data del siglo XVII y es una de las pocas tallas que logró sobrevivir a la Guerra Civil. Hoy la titular de la parroquia abderitana pide limosna para sufragar el proceso.

La Inmaculada está en manos del restaurador almeriense Joaquín Gilabert, conocido y reconocido por rehabilitar la Virgen del Saliente de Albox, el Ángel de Canjáyar o el Cristo del Bosque de Bacares. Trabajó para el Instituto del Patrimonio Histórico de Andalucía y se ha comprometido a terminar la rehabilitación antes del 30 de noviembre. La Cofradía de la Expiración de Adra ha confiando en su trayectoria para encomendarle la laboriosa labor de restablecer la policromía de la talla y aplicar un tratamiento que la mantenga en el tiempo. «Hemos estudiado detalladamente varios presupuestos de diferentes restauradores porque el Cristo de la Expiración no quedó del todo bien tras la rehabilitación», apuntan desde el colectivo. La cofradía que preside Juan Rivera como hermano mayor ha necesitado obtener previamente el permiso del Obispado de Almería para iniciar la restauración y, cumplido ese trámite, busca fondos para poder sufragar la iniciativa.

Colaboración

Los donativos pueden aportarse a través de un número de cuenta de Cajamar, ES53 3058 0001 9727 4000 4422, o bien en los sobres diseñados para este fin que se encuentran en la parroquia. También se puede contactar directamente con la Cofradía de la Expiración de Adra y con el párroco, Antonio Cobo. La Inmaculada de Adra se conserva hoy gracias a dos abderitanas que la ocultaron en un almacén durante la Guerra Civil. Cuentan en la localidad que fueron descubiertas por los anarquistas en 1936 y que negociaron quedarse con esta imagen a cambio de entregar a San Nicolás y a San Marcos. Es una de las pocas imágenes de culto que lograron sobrevivir al enfrentamiento bélico. Durante su ausencia, la Virgen del Carmen ocupa su lugar en el templo que lleva su nombre.

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