Aparece una perra casi degollada por su propio collar en un cementerio abandonado

Pepita Banana el día que fue rescatada./IDEAL
Pepita Banana el día que fue rescatada. / IDEAL

Tras ser rescatada, contactaron con la protectora El Refugio, dedicada al rescate y cuidado animal, que se encarga ahora de acogerla y continuar con la atención veterinaria

M. C. CALLEJÓN y IDEALBERJA

Que una perrita se llame Pepita Banana no es muy frecuente pero desgraciadamente sí lo es el maltrato severo al que ha sido sometida para acabar siendo abandonada en condiciones terribles. Una vecina de la localidad de Berja avistó al can a través de la valla que cierra el cementerio abandonado que se encuentra en las afueras del pueblo. Sospechando si la perrita estaba allí porque alguien hubiese podido lanzarla por encima de la valla y, al conseguir verla a menos distancia, pudo observar un corte muy grave en su cuello además de encontrarse aterrada y famélica, necesitada de una ayuda urgente y atención veterinaria sin las cuales moriría sin remisión.

Fue así como estuvo llevándole alimento regularmente y, poco a poco, consiguió ir ganando su confianza hasta que logró cogerla para trasladarla a un centro veterinario en el que recibió asistencia de urgencia. Al ser examinada se observó que presentaba un profundísimo corte en el cuello producido por el collar que llevaba, hecho de cuero y trozos de alambre.

La explicación de los hechos, indican desde la protectora El Refugio, «puede ser tan sencilla como absurda e indecente: muy probablemente el individuo que se hizo cargo de Pepita cuando era cachorrita le puso un collar a la medida de su pequeño cuello. Después, el tiempo fue pasando y Pepita fue creciendo, pero su collar, no. Cómo sería de grande la indiferencia y la desatención de este tipo hacia la perrita que tenía bajo su responsabilidad que ni si quiera se percató de que el collar estaba degollando paulatinamente a Pepita y, cuando lo vio, la herida era tan grave que decidió que lo mejor que podía hacer era llevarla hasta el cementerio abandonado que hay a las afueras del pueblo y, cuando nadie le viese, lanzarla por encima de la valla para que quedase allí encerrada y muriese allí por la infección de su herida, la deshidratación, el hambre y la desolación».

Tras ser rescatada, contactaron con la protectora El Refugio, dedicada al rescate y cuidado animal, que se encarga ahora de acogerla y continuar con la atención veterinaria y los mimos que propician que hoy Pepita Banana esté totalmente recuperada y deseando encontrar una familia que la adopte para poder comenzar una nueva vida, porque la que tuvo hasta ahora fue «una vida para olvidar».

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