Dalías y 'la casa de los olores'

El número 15 de la calle Practicante Rubio de Dalías es una casa señorial, rehabilitada hace un par de años, que data del siglo XVIII.
El número 15 de la calle Practicante Rubio de Dalías es una casa señorial, rehabilitada hace un par de años, que data del siglo XVIII. / IDEAL

Un vecino pide el traslado de tres contenedores de basura por el «estrés» que le crea

MARÍA TORRESDALÍAS

Joaquín regresó hace un par de años del extranjero para trabajar en la despensa de Europa. Eligió para fijar su residencia el pueblo de sus padres, Dalías, y adquirió en propiedad un antigua casa señorial de la calle Practicante Antonio Rubio. Desembolsó medio millón de euros en lo que consideró entonces la casa de su vida, pero se le 'escapó' un detalle: el hedor que a diario emana de unos contenedores cercanos y que hoy le quitan el sueño.

Almacenados frente al número 15 de esta angosta calle de la localidad daliense, los residuos sólidos 'conviven' con esta vivienda de finales del siglo XVIII. Los vecinos que residen en esta zona de Dalías depositan su basura en estos tres contenedores. Algunos, dentro del horario de uso y otros, fuera de él. También lo hace el personal de la Residencia de Ancianos. En este caso, los vertidos se realizan a lo largo del día en «cuatro o cinco ocasiones» y contienen restos orgánicos de los usuarios, según subraya en su queja Joaquín Palmero, el dueño del número 15 de la calle Practicante Antonio Rubio. «Es un foco de infección y malos olores», apela para justificar el cambio de ubicación de los contenedores. «Además del olor constante a basura, los contenedores no se limpian, tienen fugas y en una calles estrecha se nota», añade.

Ruido

Al hedor de cada día penetra en su vivienda, se suma el ruido que cada madrugada le desvela por el traslado de los contenedores para su recogida. «Es un estruendo y todas las noches es igual», lamenta.

A lo largo del último año y medio, Joaquín ha trasladado su malestar al Ayuntamiento de Dalías hasta en tres ocasiones en forma de instancia. También se reunió personalmente con el alcalde, Francisco Giménez, para transmitirle personalmente su queja. Aunque en principio adquirió un compromiso verbal, incluso antes de habitar la casa, lo cierto es que la situación no ha cambiado. «La solución que me dio el Ayuntamiento fue trasladar el problema al vecino de al lado, un ciudadano francés que reside en Dalías en verano, a punto de llegar», apunta. Desesperado, también llamó a la puerta de la Junta de Andalucía en busca de ayuda. «No rindo en mi trabajo lo que debiera. Esto me acarrea mucho estrés», reconoce.

Desde su punto de vista, los contenedores podrían reubicarse en un lateral de la iglesia «sin casas alrededor». La Residencia de Ancianos, por su parte, debería contener un lugar para almacenar sus propios residuos a lo largo del día.

Aparentemente, el número 15 de la calle Practicante Antonio Rubio es una casa ideal. Construida hace más de dos siglos, mantiene los elementos más característicos de este tipo de viviendas. Deshabitada durante décadas, fue sometida a un minucioso proceso de rehabilitación hace dos años de la mano de sus actuales propietarios. Hasta su llegada, los contenedores de basura que tiene enfrente no suponían ningún problema, pero hoy se han convertido en un quebradero de cabeza para sus inquilinos. «Nos resta calidad de vida en nuestra propia casa», sentencia entre el enfado y la resignación.

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