Clásicos Populares (XI): Martirio La Comadrona

Clásicos Populares (XI): Martirio La Comadrona

PACO CUENCAADRA

Quiero rendir homenaje y pleitesía en estas líneas a una mujer a la que cientos de abderitanos debemos algo que no se puede comprar, ni estudiar, ni heredar, me refiero a la vida. Que muchos de nosotros nos encontremos hoy aquí, es el resultado por supuesto, de los vientres de nuestras madres, pero también de la habilidad y saber hacer de Martirio.

Martirio Fernández Rodríguez, conocida por todos como Martirio la comadrona, nació en 1922 y murió hace ya algún tiempo a la edad de ochenta y cinco años. Martirio jamás se jubiló, estuvo trabajando hasta que pudo. Empezó ayudando a D. Federico Utrera Cuenca, médico de Adra, (otro clásico sin duda), como enfermera y practicante y pasado un tiempo estudió en Granada enfermería y se especializó como matrona, o comadrona como decimos en Adra. Cientos de partos en Adra y en los alrededores, fueron asistidos por Martirio.

Martirio se casó ya mayor con Antonio Cuellar, y paradojas de la vida no tuvo hijos. Según me cuenta, Concha Olivencia Bravezo, señora que se crió con el matrimonio, y a la que agradezco su hospitalidad a pesar de no encontrarse muy bien de salud (los dos brazos partidos), Martirio era todo generosidad, y no fueron pocos los partos que asistió en los que no recibió ninguna compensación económica, y aún más, tal era de desprendida, que mandaba a las familias sin muchos recursos al bar La Granja para que pidieran leche y otros alimentos haciéndose ella cargo de la cuenta.

Hay que situarse en la época en la que trabajó Martirio, es decir, a partir de la posguerra, y en la que los medios eran escasos y la tecnología nula. No sería el primer parto que atendió Martirio, en el que se encontraban esperando al médico de turno por la dificultad de la situación, y cuando llegó el galeno, el parto ya se había producido con éxito gracias a la sabiduría, experiencia, y profesionalidad de Martirio.

Esa mujer, con esa voz ronca tan profunda, su estrabismo y sus gafas oscuras tan características sufrió el rechazo de algunas personas de su entorno por causas que hoy nos harían sonreír. Era criticada por que tenía que trabajar en muchas ocasiones de noche, y eso en la época no estaba bien visto en una mujer. Trasladémonos de nuevo a los años de que les hablo.

Como anécdota me cuentan que en una ocasión Martirio se encontraba en Granada para ser sometida a una operación ginecológica por el doctor Miguel Dolz (otro clásico más), y mientras esperaba, se dedicó a olisquear por toda la planta y servicio de ginecología, por lo cual, fue reprendida por algunas de las enfermeras y profesionales que allí trabajaban, pero Miguel Dolz que se encontraba ese día por los pasillos, le dijo a todo el personal de forma cariñosa que dejaran que Martirio hiciera lo que quisiera, pues ella sabía de ginecología más que todos los que allí se encontraban juntos.

Era normal en aquellos años, que los grupos de mujeres solteras frecuentaran los eventos que sucedían en el pueblo, como partidos de fútbol, fiestas patronales, etcétera, y Martirio tenía un círculo de amistades muy amplio entre las que se encontraban, Ángeles Gómez, Soledad Gómez, Rogelia Molina, Consuelo Cuenca y algunas más.

Cualquiera que cuente cincuenta años o más seguro que recuerda a Martirio la comadrona, artífice de que muchos de nosotros podamos contarlo. Me permito desde aquí, reivindicar que el Ayuntamiento de Adra rinda tributo a Martirio la comadrona, dando su nombre a una calle, pues creo que a todos los que sentimos Adra como nuestra, nos hace más ilusión pasear por la calle Martirio la comadrona que por la calle Trinquete, Mar Jónico, Chile, etc. Martirio como tantos otros abderitanos, se merece un recuerdo para que las generaciones venideras pregunten quién era Martirio y se lo podamos contar.

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