Clásicos Populares (VIII): Manolo Arabí

Manolo Arabí con Mandina. /Ideal
Manolo Arabí con Mandina. / Ideal

Francisco Cuenca, colaborador de Ideal Adra&Alpujarra, sigue repasando la trayectoria de las personas más destacadas de Adra

FRANCISCO CUENCA ADRA

Asoma hoy en esta serie de artículos el nombre de Manuel Sánchez Lidueña, más conocido como Manolo Arabí que era el segundo apellido de su padre. Este hombre que nos dejó por desgracia hace ya bastantes años, concretamente en el mes de junio de 1992 a la prematura edad de 59 años, no será muy conocido por los más jóvenes, pero a buen seguro que sí, y mucho, por los que cuentan ya con algunos años. Me gustaría que este artículo sirviera para reivindicar a estas personas para que no caigan en el olvido.

Manolo destacó en varias facetas de la vida, pero sobre todo en la deportiva como portero del mítico Trafalgar de Adra, del que formó parte durante los años de más gloria de nuestro querido club. Y también se hizo valer en lo que sería su profesión de practicante que ejerció hasta que nos dejó. Manolo era el segundo de cinco hermanos, Juan José, Joaquín (Quini el de la sastrería), Paco, e Isabel. Murió cinco días después que Quini y ambos descansan uno al lado del otro jugando a las cartas como bien recuerda una de sus hijas.

Manolo Arabí era lo que se llama un deportista integral ya que no solo destacó en el fútbol, si no que también lo hizo en atletismo. En una especie de juegos nacionales de la época alcanzó la tercera plaza practicando varias disciplinas como salto de altura, y algunos lanzamientos. Su gran envergadura, medía casi dos metros, hizo que fuera un portero de fútbol sobrio, seguro, que metía miedo a las delanteras contrarias. Entre las anécdotas de su época de jugador hay una a mi juicio que destaca sobre las demás.

Manolo que había estudiado enfermería en Almería, y había ejercido de ello en el servicio militar, volvía de un desplazamiento con su equipo el Trafalgar de jugar un partido. Durante el trayecto ocurrió una desgracia cuando Miguel Jódar, jugador también y paisano, perdió un brazo cuando lo llevaba por fuera de una de las ventanillas del autobús. Manolo Arabí actuó con toda rapidez y sabiduría a la vez que entereza practicando un torniquete a Miguel. Pero ahí no acabó todo, ya que cuando llegaron al lugar donde iban a curar al accidentado, el generoso Manolo proporcionó una transfusión que él mismo se encargó de preparar con lo cual salvó la vida de su compañero y selló su amistad para el resto de sus vidas.

Fundamental en su vida fue conocer a una mujer llamada Mandina, hija de un gallego que vino por aquellos años a trabajar en el puerto de Adra. Su noviazgo duró nueve años durante los cuales viajó varias veces a Galicia hasta que casó con ella en Redes en la provincia de La Coruña. De este matrimonio nacieron, María Isabel, Mandina, Alicia y Carmen. A está última le doy las gracias por la información y la colaboración prestada sin la cual no sería posible este artículo.

Manolo Arabí fuera del fútbol era muy conocido ya que ejerció como practicante en el centro de salud, en la cofradía de pescadores, en el laboratorio de una farmacia y también a domicilio. Doy fe de ello, ya que tuve la desgracia de que pinchara mis posaderas en múltiples ocasiones, pues en aquella época la mayoría de los antibióticos eran inyectables. Saber que Manolo iba a visitar una casa y oírlo llegar con su vespino hacía cundir el pánico entre los más pequeños. Después su afabilidad, y buen humor, calmaban un poco la cosa, pero un pinchazo en el culo es un pinchazo en el culo.

Parece que fuer ayer después de tantos años, qué estoy viendo la figura esbelta y alargada de Manolo con un andar un poco arqueado, como la mayoría de los futbolistas, por la calles de Adra. Gran deportista, gran profesional, pero sobre todo, gran persona.

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