La agricultura de Almería, fuente de inspiración para la alta costura

Uno de los diseños de Elena Funes elaborado con malla de sombreo. /Álex Ruiz.
Uno de los diseños de Elena Funes elaborado con malla de sombreo. / Álex Ruiz.

Una abderitana reutiliza telas mosquiteras para confeccionar tocados y restos inservibles de plástico para elaborar broches con forma de ramillete de tomatera

MARÍA TORRESADRA

. Enrollado en una palmera cercana a la autovía del Mediterráneo, a su paso por Adra, encontró el material para trabajar su primera confección. Era plástico procedente de algún invernadero, ese que el viento maneja a su antojo sin un destino concreto, que contamina y ensucia a partes iguales. Un resto insalvable que hoy forma parte de una pieza única: un broche con forma de «ramillete de tomatera».

También los hay que emulan la flor del calabacín, de la sandía o del melón. «Nuestra agricultura ofrece mucha libertad de creación desde el punto de vista de un diseñador de moda», asegura Elena Funes, una abderitana de 34 años que actualmente imparte clase en la Escuela de Diseño de Granada, donde también se formó durante varios años. Bajo su óptica, la moda se adueña de la 'huerta de Europa' para obtener 'looks' difíciles de imaginar a simple vista. Elena ha reutilizado malla de sombreo para confeccionar un traje que podría recordar al tejido 'tweed' de Chanel, restos de mosquiteras para elaborar el tradicional tocado de 'sinamay' y grapas de invernadero con hilos de rafia para imprimir una terminación textil muy singular en sus diseños. Confecciones artesanales que, en cualquier caso, se acercan a la alta costura por su exclusividad y que hacen del campo almeriense una fuente inagotable de inspiración.

Colección

Una máquina de coser, una tabla de planchar, aguja e hilos. No necesita más para dar rienda suelta a su creatividad. Preocupada por los restos agrícolas que no encajan en la cadena de reciclaje, investiga en su casa cómo reutilizarlos desde hace seis meses. «La idea siempre me ha rondado la cabeza, pero nunca me atreví a plantearlo antes», confiesa.

Treinta diseños dan forma a su colección, presentada como proyecto fin de estudios en la Escuela de Diseño de Granada. Cuatro ya están ejecutados y el resto, por publicar. El objetivo es, según su autora, «contar la historia del campo almeriense» a través de una plataforma «divertida, atractiva y comunicativa» como la moda. Así nace una colección que, lejos de la imagen frívola de la alta costura, va más allá.

Con el rigor como máxima, Elena Funes presenta un proyecto que hace del mar de plástico de Almería su hilo conductor. La diseñadora parte del conocido como «milagro almeriense» para comenzar con su historia, continúa con la «revolución verde» para hablar del presente y se anticipa al futuro con «crispr-cas». Del pasado, marcado por el primer invernadero experimental que se instaló en los años sesenta, recupera la malla de sombreo que se usa para reparar invernaderos. Un material, según define, que destaca por su color «negro brillante» y su facilidad de manipulación. Además, permite ser desflecado por sus filamentos. Tejido por hilo de rafia y unido por grapas, la confección recrea una técnica de croché muy conocida para poder alcanzar la pasamanería en el traje confeccionado.

Presente y futuro

Del presente, donde el uso de fitosanitarios ya deja paso al control biológico y la lucha integrada, Elena Funes se queda con el tejido de 'mikado' y el hilo de rafia para hacer sus creaciones. También con las telas mosquiteras sobrantes, perfectas para recrear distintos volúmenes en un mismo diseño. «Y con plásticos de acolchado, he hecho una estampación casera. Sobre el tejido 'mikado', he plasmado flores del campo con ayuda del calor de una plancha hasta lograr un estampado único», explica. El broche con forma de ramillete de tomatera y el sombrero elaborado con tela mosquitera, un material «flexible» y «tecnoconfortable», también forman parte de esta segunda etapa. Además, la diseñadora representa en un broche al «protagonista de la lucha integrada» y lo presenta como un héroe. Se trata del insecto 'amblyseius swisk', al que rinde honores usando alambre importado de La India, tonos verdes, piedras y brillantes.

Por último, esta abderitana imagina un futuro «onírico», con técnicas más productivas, sostenibles y eficaces. En este contexto, diseña un uniforme de trabajo con malla 'antitrips', un material «fácil de coser, termoconformable y moldeable». En su conjetura de lo que está por llegar, Funes incorpora sensores de temperatura y humedad en la manga. El casco emite señales en caso de emergencia.

De los modelos ya confeccionados, que han sido fotografiados en un invernadero para su promoción en el proyecto fin de estudios, falta por concretar su durabilidad en el tiempo. De su calidad y exclusividad no se duda.

Atrás quedan seis meses de trabajo que comenzaron con la introducción en el sector de la mano de agricultores, empresas relacionadas como Sotrafa y Agrobío, y de la Universidad de Almería, 'buceando' en un mar de plástico que reivindica un campo limpio y un vestido de alta costura con tela mosquitera.

La autora

Elena Funes es hija y nieta de agricultores. Se formó en Diseño de Moda y es de las que apuesta por «soñar en grande por si podemos llegar a la mitad». Confiesa ser una enamorada de la moda y, además, sentirse muy orgullosa de un modelo de producción agrícola «autóctono de Almería».

De su proyecto, tan original como ambicioso, espera resultados a corto y medio plazo. «Quiero que la historia del campo almeriense se conozca y, al mismo tiempo, se recnozca el buen hacer de la alta costura», comenta con firmeza. «También quiero que los materiales que son perjudiciales para el campo almeriense, imposibles de incluir en la cadena de reciclaje, obtengan un valor añadido para eliminar este tipo de desechos», añade convencida de su «pequeña aportación» para la conservación de un planeta cada vez más lastimado.

Elena, que reivindica la moda como una herramienta al servicio de la concienciación, es una fiel defensora del talento artístico. «En lugar de comprar mucho y malo, propongo comprar poco y bueno a quienes ponen su corazón en lo que hacen», apostilla. De momento, descarta dar un paso al frente y crear su propia marca de moda. Prefiere seguir investigando en su afán de reutilizar todo lo que sobra en el campo.