Carmela Cuéllar atiende a IDEAL en el salón de su casa. / m. torres

«Echo de menos cocinar, me distraía; mi 'asaíllo' de pollo era muy popular»

Carmela Cuéllar es una de las autoras del libro de recetas Saboreando Recuerdos, que rescata platos tradicionales y la memoria de los mayores

MARÍA TORRES ADRA

Se llama Carmela Cuéllar, tiene 87 años y es una de las autoras del libro de recetas Saboreando Recuerdos. Sus exquisitas croquetas y su 'asaíllo' de pollo siempre han sido «muy populares» en su familia, pero eligió plasmar la receta de este último plato en la publicación que han elaborado los usuarios del servicio de Ayuda a Domicilio y de la Residencia de Mayores de Adra. «La receta la recuerdo mejor, pero el libro tiene una errata: yo no le echo chorizo y las patatas las frío en gajos», advierte.

Se la enseñó su madre, Rosario, a la que perdió pocos días antes de cumplir 16 años. «Mi madre era muy buena cocinera. Cocinaba cada día para toda la familia. Éramos mis padres y siete hermanos. También cocinaba para la casa de al lado, una vecina que tenía poco para comer. Mi padre servía la cacerola primero en su casa, para que no pareciese que le dábamos las sobras, y cuando terminaban repartía entre nosotros», recuerda con lucidez.

Madre de dos hijos, Carmela ha cocinado durante toda su vida. Compaginaba como podía su trabajo en casa y la crianza de sus hijos con la tintorería de la familia. «En mi casa siempre he cocinado yo o mi hermana. Mi marido, que era sastre, no estaba hecho para la cocina», reconoce con certeza. A sus 87 años, un hombro dolorido y las manos delicadas, Carmela ya no cocina: «Lo echo de menos. Mi 'asaíllo' y mis croquetas era populares en mi familia. Me gustaba cocinar, me distraía».

Una ayuda fundamental

Ahora asume esta labor el servicio de Ayuda a Domicilio que la empresa Clece presta en Adra a través del Ayuntamiento, un servicio fundamental para Carmela y para 600 personas más que no pueden valerse por sí mismas. Cada día, esta octogenaria recibe los cuidados de Encarnación y de Olga, las auxiliares de Ayuda a Domicilio que la atienden. «A las ocho y media de la mañana, ya ha venido una auxiliar que me ha duchado, me ha recogido el cuarto de baño y me ha hecho la cama. A las doce, viene otra con la que salgo a dar un paseo, compro lo que necesite y me hace la comida para varios días. Se congela y yo sólo la caliento», describe. «Conmigo se portan estupendamente, me ayudan muchísimo», afirma sin titubear.

Viuda desde hace tres décadas, Carmela ve la vida pasar desde el salón de su casa. «Tranquila», señala. Lee el Evangelio, reza, escucha misa a través de su televisor y se entretiene completando 'sopa de letras'. Visita a su cuñada «de vez en cuando» y a las diez y cuarto de la noche se va a la cama. «Esa es mi vida», resume.

Lecciones de vida

Pese a su edad y sus dolencias, Carmela es ágil en la conversación y muy amable en el trato. Sentada en el sillón de su casa, recibe habitualmente la visita de su familia y de sus cuatro nietos, «mis cuatro primores». «Todos están pendientes de mí . Cuando todo el mundo me quiere, no seré tan mala», ironiza.

A la pregunta de qué le ha enseñado la vida a estas alturas, Carmela se sincera. «La vida me ha enseñado mucho bueno y mucha soledad también. Echo mucho de menos a mi marido y a mi hijo», confiesa emocionada. Ambos fallecieron. «Si te pones a pensar en todo lo de atrás, solo te acuerdas de lo bueno, pero hay que vivir con alegría, dejar atrás la tristeza. Así que me levanto cada mañana y doy los buenos días y las gracias al Señor por la noche que me ha hecho pasar y por tener un día más que contar», concluye con la voz firme.

Un total de 24 recetas dan forma al libro Saboreando Recuerdos. La publicación, editada por el Ayuntamiento y Clece, ha sido elaborada por los usuarios del servicio de Ayuda a Domicilio y de la Residencia de Mayores de Adra e incluye, además, un plato del bar Coines. Son recetas que marcaron su vida y que hoy les ayudan a recordar. Ajoblanco, atascaburras, pollo a la secretaria, puchero, quijadas, gachas o patatas a lo pobres son algunos de los platos que se plasman en los 1.000 ejemplares publicados.

Un «respiro»

«No es la solución al problema porque el día tiene 24 horas, pero sí supone un respiro para las familias». Palabras de Francisco Sánchez, coordinador del servicio de Ayuda a Domicilio que presta el Ayuntamiento de Adra a través de la empresa Clece.

Actualmente dispone de 600 usuarios -la mayoría son mujeres mayores de 70 años- y de 140 auxiliares en plantilla. Las necesidades varían en función de cada caso. Se presta una atención personalizada y un seguimiento diario que pasa por lavar, asear, hacer la compra, acompañar, mantener la casa o elaborar la comida. Además, hay un esteticista a su disposición y una integradora social se encarga de realizar una evaluación cognitiva de cada usuario para mantener activa su memoria. La atención es «integral» y puede variar en el tiempo en función de las carencias de cada usuario. Francisco Sánchez, Carmen Sánchez y María Sánchez gestionan el servicio en Adra de Clece, que asumió la Ayuda a Domicilio hace una década en el municipio.

Las personas interesadas en solicitarlo deben acudir al Ayuntamiento de Adra. Se tramita a través de la Ley de Dependencia de la Junta de Andalucía y parte de un informe del Servicio Andaluz de Salud, organismo encargado de valorar las necesidades reales de cada usuario.