La Jaima de Adra cuelga el cartel de 'se vende'

Es un chiringuito mítico en la localidad y el único con concesión administrativa de la playa El Carboncillo

MARÍA TORRES ADRA

La Jaima se vende. El chiringuito de playa con más solera de Adra pasa página. Tras casi dos décadas al frente, su actual propietario ha decidido -«por motivos personales»- dejarla en manos del mejor postor. Hasta entonces seguirá abierta al público con total normalidad, regalando atardeceres únicos frente al mar Mediterráneo y en un ambiente inigualable.

Su estratégica ubicación convierten a este negocio en una 'golosina' para emprender. Abrió sus puertas hace 18 años y actualmente es el único chiringuito con concesión administrativa por parte de la Junta de Andalucía en la playa El Carboncillo. Al margen de los farragosos trámites burocráticos que lleva consigo la gestión de un establecimiento a pie de playa -y del futuro paseo marítimo proyectado desde años en esta zona del litoral- tiene muchos atributos y 'novios' no le faltan. La Jaima es un lugar de referencia para los abderitanos y un punto de visita obligado para quienes llegan de fuera.

El chiringuito obtuvo su licencia de apertura en marzo del año pasado y mantiene su concesión administrativa, siempre que no se construya el paseo marítimo anunciado hace varios lustros y del que nada se sabe a día de hoy. Consta de una superficie interior de 186 metros cuadrados, a los que se pueden sumar un cerramiento exterior de 50 metros cuadrados y un espacio no cubierto de 70 metros cuadrados más. El aforo máximo permitido es de 80 personas en interior.

El establecimiento está preparado para abrir todo el año, desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada. El horario se amplía a las tres durante los fines de semana y festivos. Es un espacio muy «versátil» y se presta, además, a la celebración de todo tipo de eventos privados junto al mar. Otro de los puntos fuertes del negocio es su sostenibilidad energética. Se apoya exclusivamente en plantas fotovoltaicas, reduciendo de forma considerable el gasto en electricidad.

La venta de la Jaima incluye la concesión administrativa, el inmueble en sí y el derecho de explotación. Lo que está en el aire es el precio de la venta. Su propietario, Javier Rodríguez Bogas, no pone cifras a priori y reconoce estar abierto a negociarlas.

Mientras tanto, el local sigue abierto al público. Se avecina la 'temporada alta' del negocio y se trabaja en su puesta a punto, como es habitual cada verano. Se están reformando los aseos y se instalarán butacas de madera «con cuerda trenzada» así como otros elementos decorativos en la terraza que ayuden a crear ese ambiente mágico y morisco que caracteriza a la Jaima. Todos los detalles guardan entre sí una sintonía, una estilo de vida y una forma de enfocarla.

Además, este verano se retomarán las clases de salsa y bachata que tanto gustan a los 'jaimeros' y se seguirán programando sesiones de dj's y música en directo.

Una mirada atrás

En caso de materializar el proceso de venta, la Jaima de Adra iniciaría una nueva etapa. Ha llovido mucho a lo largo de las dos últimas décadas. Desde que abriese sus puertas en 2004, el negocio ha ido adaptándose a los cambios aprobados en la normativa que 'encorseta' este tipo de negocios a pie de playa, derivados principalmente de las tres administraciones con competencias en esta zona costera: Gobierno de España, Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Adra. A consecuencia de la crisis sanitaria y como otros tantos, el chiringuito se amoldó a las limitaciones provocadas por el riesgo de contagio para poder seguir en pie. Y siguió.

Poco queda de aquella jaima adquirida originalmente en Casablanca, primero, y en Marrakech, después. La infraestructura ha cambiado y los tiempos también, pero lo importante -su esencia- permanece inalterable.