Carpa instalada en la calle Natalio Rivas de Adra para ayudar al pueblo ucraniano. / MARÍA TORRES

«Necesitamos medicamentos de combate, para soldados y civiles»

Los ucranianos afincados en Adra se organizan para hacer llegar a sus familiares material de cura, principalmente, y alimentos infantiles

MARÍA TORRES ADRA

La bandera de Ucrania ondea en el corazón de la antigua Abdera. A su lado, la española. Desde el inicio del conflicto bélico, los ucranianos afincados en Adra hacen piña para pedir ayuda bajo una carpa que se ha quedado pequeña para acoger todas las muestras de apoyo recibidas hasta la fecha. Falta espacio para apilar tanta ropa. En plena contienda, lo que se necesita para resistir a la invasión rusa son «medicamentos de combate» que mitiguen las heridas de guerra entre los soldados y entre la población civil afectada.

El goteo de vecinos en este punto de ayuda es continuo. «Hola, ¿cómo estáis? ¿Qué necesitáis?», se interesa una señora de avanzada edad. A la primera pregunta, la respuesta es inmediata: «Mal, fatal». A la segunda, medicamentos y productos de alimentación no perecederos, especialmente «conservas». «Los almacenes están llenos de ropa e incluso tenemos problemas logísticos para hacerla llegar. Lo que necesitamos son medicamentos de combate principalmente: analgésicos, antibióticos, antiquemaduras y, preferiblemente intravenosos», informa a este periódico Valdish Savchuk, uno de los voluntarios del grupo. «Los que ganan la guerra son los soldados, pero además hay civiles heridos por balas, cohetes y bombas», añade en un castellano perfecto.

Este joven, vigilante de seguridad en Adra, llegó al municipio hace 20 años. Está casado con una mujer ucraniana y el matrimonio no puede disimular su preocupación. «Mi primo, con el que he crecido, está en un batallón de defensa territorial. El resto de mi familia, casi todos están en el oeste, fuera de la zona de conflicto, pero en estado máximo de alerta, preparados para defender lo que haga falta. Lo está la hermana de mi mujer, que es médico, y también mi suegro, que es bombero», relata.

Las bombas aún no han llegado a esta zona del país, más pegada a Polonia, pero se convive con una constante amenaza «de bombardeos y muerte». «Es una barbarie que nadie esperaba en este siglo. El objetivo principal del ejército ruso son los civiles porque no pueden con el ejército ucraniano e intentan así atemorizar a la gente», concluye convencido.

Impotencia

A miles de kilómetros de distancia, poco pueden hacer para ayudar, salvo recoger ropa, alimentos y medicación. Algunos vecinos de origen ucraniano, como Vladimir, han ofrecido cobijo. «En mi casa de Ucrania, que está vacía pero tiene calefacción, ahora duermen una mujer con sus dos niños. Poco más puedo hacer», se lamenta mientras atiende a las personas que se acercan hasta la carpa instalada en la calle Natalio Rivas de Adra para ayudar.

A su lado están Natalia, Julia y Elena. El hermano de esta última es militar del ejército ucraniano. Desde que se desatase la guerra en Ucrania, conciliar el sueño es complicado. «Allí tenemos hermanos, tíos, sobrinos, todo (...). Lo estamos viviendo fatal, esperando que lleguen las bombas al lugar donde están nuestras familias. Por la noche les recomiendan apagar las luces para no ser un blanco fácil para los cazas enemigos», comentan con desesperación, dolor, rabia e impotencia.

Sin embargo, saben que sus compatriotas no están dispuestos a rendirse y que aguantarán hasta el final. «Esta guerra tiene que acabar, pero con muerte y sangre. Cada 100 años hay que demostrar que la libertad y la democracia se paga con sangre humana y ahora le ha tocado a Ucrania. Sabemos que el mundo está con nosotros y que los rusos no tienen posibilidades de ganar», augura Vladish.

Son las doce del mediodía. Las banderas siguen ondeando en la carpa. Lo hacen de nueve de la mañana a ocho de la tarde, en horario ininterrumpido, de lunes a domingo. El trasiego de personas es continuo. Algunas dejan dinero, otras recogen lo recopilado para trasladarlo al almacén de los voluntarios y otras les indican en qué farmacia pueden recoger la medicación donada.

«En Espejo tenéis una ayuda», indica una señora. Se refiere a una de las farmacias abderitanas que están canalizando los gestos de generosidad para ayudar al pueblo ucraniano. En Farmacia Espejo se hizo un primer envío de 500 euros con material de cura, como gasas algodón, agua oxigenada y Betadine, entre otros productos. Además, aceptan todos los donativos para hacer llegar más medicamentos a los voluntarios. «La gente está muy concienciada y quiere colaborar», reconoce José Espejo, responsable de esta conocida farmacia.

Primer envío: 24 cajas

Adra se ha volcado con el pueblo ucraniano. En apenas unos días, se han recopilado 4.000 euros y ya ha partido rumbo a Polonia el primer cargamento de medicamentos. «24 cajas», confirma el grupo de voluntarios a IDEAL. «Todo lo recopilado llega a través de alguna empresa, de coches personales, de autobuses que ahora salen cargados de cosas y regresan con refugiados... Llega a Polonia, donde hay un grupo de voluntarios ucranianos, se revisa antes de pasar la frontera y finalmente el centro de mando del Ministerio de Defensa establece los puntos clave donde más se necesita», concreta Vladish.

«Gracias, muchas gracias», responden los voluntarios a pie de calle. Con el corazón en la mano y el alma en vilo, pasan las horas elaborando pulseras con los colores de su bandera como gesto de agradecimiento.