Tradición cohetera en Dalías

Tradición cohetera en Dalías

El trabajo que se esconde detrás del estallido de bombas, cohetes y tracas

MARÍA TORRESDALÍAS

Fernando era un chiquillo cuanto empezó a descubrir la magia de la pólvora. En el taller de su abuelo y de la mano de su padre, fue avivando la curiosidad por un mundo tan espectacular como complejo. Pertenece a la quinta generación de coheteros y hoy es el gerente de Pirotecnia Alborán, empresa sobre la que recae la mayor parte de los espectáculos pirotécnicos que se brindan en honor al Cristo de la Luz de Dalías. Este año quemarán aproximadamente 3.500 docenas de cohetes. Cuando se 'juega' con fuego, la precaución debe ser extrema. La profesionalidad, también.

Detrás del estallido de bombas, tracas, cohetes y bengalas que acompañan a la sagrada imagen cada tercer domingo de septiembre, hay un trabajo previo que arranca meses atrás. «Nosotros comenzamos en marzo a fabricar los cohetes de Dalías», explica Fernando Pérez, responsable de la pirotecnia. «Son distintos. La cápsula, que normalmente es de color marrón, la fabricamos en rojo y la traca lleva la malla verde. Son detalles que hacen únicos los cohetes que se queman en el Cristo de la Luz», matiza. En la antesala de la salida en procesión, comienza el montaje. Se trata de un proceso minucioso donde ningún detalle se deja al azar, salvo la lluvia, un elemento imprevisible que juega en su contra. «Siempre le pedimos al Cristo que el tiempo nos acompañe», apunta. Desgraciadamente, no siempre acompaña.

Día grande

Llegado el día grande, la coordinación es máxima. Desde las siete de la madrugada y hasta la entrada del Cristo en la iglesia Santa María de Ambrox, ya en la madrugada del lunes, el trabajo es constante. La plantilla dedicada a Dalías roza la veintena. La primera puesta en escena es la tradicional bajada de la talla, acto que desde los años 90 protagonizan los Bomberos del Poniente. Cuando el reloj marca la una del mediodía, 150 docenas de cohetes estallan en el cielo de Dalías. Es uno de los momentos más emotivos de las fiestas.

La segunda, es la salida en procesión del Cristo de la Luz. Sobre las ocho y media de la tarde, la imagen se asoma a la escalinata del templo y los dalienses levantan con júbilo sus brazos. Ha llegado el momento. Seiscientos metros de traca y 25 bombas estallan casi al unísono en la plaza de Dalías. Fernando es el encargado de «prender la mecha y vigilar para que todo salga bien». Tras el estruendo, arranca un recorrido marcado por el olor a pólvora, a nardo y a jazmín. También por el color de las bengalas, el ruido de los cohetes y la vistosidad de las tradicionales 'ruedas' alpujarreñas.

sello propio

Alborán trabaja para cinco de las seis peñas que hay en Dalías. Primero es el turno de La Festivalera, después llega La Rosa, continúa Al Encuentro, lo retoma El Cohete y termina Amigos de la Plaza. Las bengalas sirven para anunciar el nombre de cada una de ellas. Es su carta de presentación. Luego llegan las carcasas de tronco de palmera. «Somos los únicos en hacer las palmeras, gustan mucho, y nuestra forma de disparar también», reconoce. Dedicada al montaje de espectáculos pirotécnicos y a la fabricación de material, la pirotecnia apuesta por mantener un respeto absoluto por lo tradicional, pero «sin dejar de innovar».

La tercer y última puesta en escena del día grande se desarrolla con la llegada del Cristo de la Luz a Dalías, cuando se apagan las luces del pueblo y estalla de nuevo la pólvora. Con 800 metros de traca y casi una treintena de bombas, la noche se hace día en Dalías. Termina, así, una jornada intensa de trabajo marcada por la tradición, la devoción y el espectáculo de fuego. Ha merecido la pena: «Dalías es muy especial para nosotros, para mi empresa y para mi familia. Es donde se nos sabe reconocer el trabajo que realizamos y en el aplauso encontramos la recompensa del trabajo bien hecho», concluye.