«Vine a Laujar a curar mi corazón de la guerra, pero regreso a Kiev»

Tatania Kotenko pasa unos días de vacaciones en la Alpujarra de Almería y ayer puso rumbo a Kiev. «No quiero huir, quiero luchar, no tengo miedo»

MARÍA TORRES LAUJAR

Una cajita con mantecados de Laujar de Andarax. Es el único recuerdo de su escapada a la Alpujarra de Almería que Tatiana Kotenko lleva consigo de vuelta a Kiev. Desde el 24 de febrero, esta ucraniana sobrevive en un país en guerra. Ayer, después de pasar unos días de descanso en España, tomó un autobús rumbo a casa con la firme convicción de que «Ucrania vencerá a Rusia» y de que ella podrá regresar a visitar a sus amigos españoles más pronto que tarde.

Tatiana se resiste a abandonar el país que le ha visto nacer. Es consciente del peligro, convive con ello a diario, pero no flaquea. Siente que Ucrania la necesita: «No quiero huir, quiero luchar, no tengo miedo (...) Y vamos a ganar. Vamos a recuperar Crimea, Dombás y todas nuestras fronteras de 1991», nos traslada a través de su amigo Alberto, vecino de Laujar y uno de sus anfitriones en su visita a España. «Vine a España para curar mi corazón de la guerra y de los nervios que tengo en Ucrania», explica para justificar unas fugaces vacaciones que han llegado a su fin sin un ápice de duda. «Tengo que volver,», insiste. Le espera su perro, un bull terrier llamado Michell; sus amigos, los que renunciaron al exilio como ella; su trabajo en el sector inmobiliario; su casa en el centro de la capital y, en definitiva, una vida plena, tranquila y feliz hasta el inicio del conflicto bélico que mantiene su alma en vilo.

La guerra, en primera persona

Tatiana reside en la capital ucraniana, a escasos metros de las oficinas presidenciales. Es consciente de su estratégica ubicación ante un inminente ataque y de la seguridad que le aporta vivir en Kiev. De momento tiene luz y agua en casa. Se considera una «privilegiada», pese a que los misiles han llegado a escasos kilómetros de su vivienda. «Al principio de la guerra nos refugiábamos en nuestro edificio, en periodos de tres semanas. Faltaban alimentos, no podíamos coger el coche porque los rusos estaban cerca», relata.

Su voz se tambalea cuando recuerda a los «más de 500 niños» que han muerto en esta guerra y los «1.200» que ha resultado heridos. «Nadie sabe cuántas personas han muerto en Mariúpol», una ciudad reconocida como parte de Ucrania, pero controlada por Rusia en la actualidad. «Los rusos iban con tractores, recogiendo cadáveres a granel. Tenemos la certeza de que se han quemado cadáveres de soldados rusos para hacerlos desaparecer para ahorrarse la repatriación y la indemnización a sus familiares», asevera.

En este contexto, Tatiana aplaude el trabajo que están desarrollando los soldados ucranianos: «He visto a niños y a ancianos pidiendo ayuda, a personas ayudando a nuestras tropas con dinero, preparando comida... Ucrania es maravillosa». A pesar de los 4.000 kilómetros que la separan de su país en el momento de esta entrevista, pocos días antes de partir, el estruendo de las explosiones sigue retumbando en su cabeza. «No he podido desconectar realmente. Aunque mi intención era pasar unos días relajada, no puedo dejar de seguir lo que está pasando en mi país», confiesa.

Enamorada de Ucrania, le encanta España, su sol y su gente. Le emocionan las muestras de cariño recibidas y toda la ayuda internacional. «Gracias a España por vuestro apoyo y ayuda a nuestra gente ucraniana y gracias también por vuestras armas que nos ayudan a luchar por nuestra independencia y libertad», concluye con la esperanza de regresar a España en paz.