La familia Ontiveros.

Clásicos Populares (LI): Antonio Ontiveros

Sirva como homenaje a todos aquellos maestros que han empleado sus vidas en la docencia y que han hecho de esa vocación una pasión

FRANCISCO CUENCA ADRA

Es posible que este personaje que viene hoy a las líneas de Clásicos Populares sea el menos conocido por las generaciones más jóvenes de nuestro pueblo de cuantos han formado parte de la serie. Por este motivo, es necesario su reconocimiento y recuerdo por parte de la localidad que lo adoptó y en la que nacieron sus hijos. Antonio Ontiveros Blanco nació en Antequera en 1923 y falleció en Málaga en 1998.

Su padre trabajaba en el ayuntamiento de Antequera y su madre daba clases de piano. Antonio es el mayor de cinco hermanos. Con el sueldo del padre no da para una familia tan numerosa y el padre decide cambiar de actividad, pero no tiene éxito. Estalla la Guerra Civil en 1936 y Antonio goza a sus trece años de fama por ser un prodigio intelectual y se le concede la única beca del municipio para estudiar bachillerato en Málaga donde obtiene buenas calificaciones en todos los cursos. Aquí es donde se gesta su vocación por la docencia y obtiene sus primeros ingresos dando clases de apoyo a compañeros que han suspendido. Lo apodaban «el sabio».

Sus ganas de aprender hace que marche a Granada para estudiar Medicina, pero las precarias condiciones de la pensión donde se alojaba hacen que abandone a pesar de haber obtenido varias matrículas de honor.

Desde esta época ya contaba Antonio Ontiveros diversas anécdotas sobre su adición al tabaco. Recogía hojas de tabaco de la vega granadina y lo trituraba él mismo para liarlo en cigarrillos. El tabaco le acompañó hasta los últimos días de su vida. Recuerdo como anécdota un día de su cumpleaños en Adra, cuando se encontraba en la terraza del hotel Abdera y el regalo que le hizo más ilusión y le cambió la cara fueron varios cartones de Chester sin filtro que le habían abierto sobre la mesa algunos amigos.

Durante el servicio militar, sufre un accidente que casi le causa la muerte, pero escapa con varias vértebras fracturadas. Acabada la Guerra Civil, la familia se traslada a Arenas, un pueblo de Málaga donde Antonio conoce a la que será su mujer, Lourdes Ortega, que estudia magisterio en Málaga. A pesar de que la familia Ontiveros se traslada a Barcelona a mediados de los cincuenta, el noviazgo continúa.

En 1952 se casan y Lourdes aprueba las oposiciones de Magisterio y le dan cono destino el colegio Fuente Santilla de Puente del Río. En 1953 nace su hijo Antonio, al que seguirán María, Santiago y Enrique (amigo mío de la niñez). A los nueve años, se trasladan a Adra a las casas de los maestros que había en la calle Manresa junto a la calle Tarrasa, y Antonio se asocia con varios profesores para abrir una academia en la calle Estrella en la casa del Marqués, entre ellos Don Rufino, Don Manuel Molero, y Don José Avilés forman parte del profesorado. Antonio compagina este trabajo con clases en otros centros como la casa de la fundición de San Andrés, la Escuela Hogar, la Escuela de Formación Profesional y el Instituto de Bachillerato. Era tan versátil que podía impartir clases de latín y pasar a las matemáticas, o continuar con geografía.

A mediados de los años sesenta, el matrimonio abre su propia academia en uno de los edificios de Viurba que ya no existe hoy. Antonio a la vez se matricula por libre en la licenciatura de Matemáticas en la Universidad de Granada. A pesar de no tener todavía la titulación, Ontiveros era un genio y se le comparaba con Aristóteles cuando explicaba algo en la barra de un bar o por la calle. Antonio Ontiveros dejó gran huella en los alumnos de aquella época y se hacía con el cariño de todos. Cientos de anécdotas saldrán a relucir cuando lean estas líneas algunos de aquellos antiguos alumnos.

En 1973, el matrimonio decide trasladarse a Málaga y trabaja como profesor en diversos centros y dos años más tarde decide prepara las oposiciones a Magisterio y obtiene el número uno de su promoción y a pesar de poder elegir destino, su carácter particular y su forma de pensar hacen que escoja el colegio Manuel Altolaguirre en el barrio marginal de La Palma-Palmilla en Málaga en donde dice que lo necesitan más.

En 1988 se jubila, después de trece años, y recibe un homenaje por los alumnos y compañeros del colegio. En 1998 fallece en Málaga a la edad de 75 años.

Antonio Ontiveros era de esos maestros que formó durante décadas a generaciones de estudiantes de una forma singular debido sobre todo a su carácter. Era una persona bohemia, algo desordenada, descuidado, lo que todos tenemos como imagen de un genio, y hay que decir que él lo era. Además era muy cercano, simpático, amable, y que trataba por igual a todo el mundo. Fue un gran amante de la lectura, el ajedrez, y de la música pero su verdadera pasión eran las matemáticas. Era lo que se suele llamar un hombre del Renacimiento pues dominaba todas las disciplinas. Sus excentricidades le llevaban a telefonear a las tantas de la madrugada porque se había acordado de un chiste buenísimo (mi padre sufrió con grandes carcajadas esas llamadas). No en vano, hasta su imagen física era la de un genio.

Sirva como homenaje este artículo de Antonio Ontiveros a todos aquellos maestros que han empleado sus vidas en la docencia y que han hecho de esa vocación una pasión. Nunca estaremos los suficientemente agradecidos a todos los maestros y profesores que nos han enseñado algo a lo lardo de nuestras vidas. No puedo nombrar a ninguno pues sería injusto con los demás y todos están en el nombre de Antonio Ontiveros. Este artículo no habría sido posible sin las fuentes de la revista Gibralfaro y Adra Cultural de mi amigo Antonio López Romero.