Clásicos Populares (XII): Arturo

Clásicos Populares (XII): Arturo

FRANCISCO CUENCAADRA

Si decimos que hoy hablamos de un personaje llamado Arturo López Maldonado, posiblemente mucha gente se preguntará de quién se trata, pero si decimos que es Arturo el del carrillo de los helados, nadie tendrá ninguna duda sobre que personaje viene hoy a nuestras líneas de clásicos populares.

Arturo cuenta en la actualidad con sesenta y nueve años, y es la cuarta generación de su familia que se dedica al negocio ambulante de venta de helados y otras artesanías dulces. En el comienzo, es decir, hace más de un siglo, como bien me comenta el propio Arturo, se dedicaban a la venta de turrón y medias lunas de merengue entre otros dulces. Más adelante su abuelo, y después su padre, introdujeron el helado artesano, el cual es en la actualidad el signo de identidad de Arturo. En plena posguerra su padre se dedicaba a repartir y vender por toda la carrera de Natalio Rivas lo que él llama el «agua de avellana», producto sencillo en ingredientes, pero difícil de lograr con la calidad y el sabor que ellos obtenían.

El propio Arturo comenzó a los nueve años repartiendo bolsas de polos por toda nuestra localidad. Eran bolsas de tres pisos de siete polos en cada fila, es decir, cada bolsa tenía veintiún polos que aquel niño ofrecía y vendía a los abderitanos.

Arturo es de las personas que yo he conocido con mayor don de la ubicuidad, hasta el punto, de parecer tener varios clones repartidos por todo el pueblo. Lo mismo veías el carrillo de Arturo en un evento deportivo en el colegio San Fernando, que lo veías un momento después a la salida de una boda, o más tarde en las barriadas de Adra ofreciendo su helado a grito pelado. He de confesar que la primera vez que lo escuché dar su grito tan característico me quedé un poco perplejo.

Poca gente en Adra y sus contornos habrá que no haya degustado uno de sus cucuruchos o su exquisito limón granizado y la buenísima leche merengada. Él me confiesa que aunque normalmente fabrica helado de dos o tres sabores que se repiten, fresa, vainilla y leche merengada, cuando sube a los pueblos de la sierra hace también helado de chocolate porque gusta más en esas poblaciones, y que por supuesto, por encargo, te puede hacer helado del sabor que desee el cliente.

Arturo, persona avispada donde las haya, comprendiendo que el negocio del helado tiene una estacionalidad muy determinada, ha optado en los últimos años en diversificar su actividad, y en los meses de más frío nos ofrece también cartuchos de castañas asadas, que tanto apetecen cuando aprieta el invierno.

Actualmente existe una quinta generación, su hijo y su yerno continúan vendiendo helado de forma ambulante en los típicos carrillos. También su hijo Arturo, posee una heladería en Balanegra, pero ésta se encuentra en un local de forma estable.

Arturo representa un modo de vida, cada vez más en extinción, pero quizás por eso vuelve a estar de moda, como algo rescatado del pasado, y añorado por todos nosotros. Hace unos cuantos días me lo encontré cuando se dirigía a la feria de Ugíjar, con su carrillo de remolque de un coche. Kilómetros tras kilómetros para ofrecer sus helados y su afamado limón. En muchos pueblos se ven ahora carros de multinacionales de la heladería en los distintos paseos marítimos pero ninguno conserva el encanto de la artesanía de los helados de Arturo. ¡HELAOOOOOOOO!

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