Acto 25 aniversario del camping 'La sirena loca', donde se entregó una placa a cada campista. / F.C.

Clásicos Populares (XL): Camping La Sirena Loca

Al principio, el establecimiento tenía capacidad para 250 personas y contaba con 50 parcelas de acampada a la sombra. El camping era una familia heterodoxa de distintos sitios de España y de Europa. Estuvo abierto 30 años

FRANCISCO CUENCA ADRA

He tardado bastante tiempo en incluir en la lista de clásicos populares al Camping 'La sirena loca', pues como muchos de los que me conocen saben, a este establecimiento le tengo especial cariño por muy diversas circunstancias. No en vano, trabajé durante muchos veranos de mi juventud en él y además mi padre, Pepe Cuenca, fue la persona que presentó la solicitud de concesión de los terrenos para su construcción en febrero de 1967, aprovechando la visita del subsecretario de turismo Antonio García Rodríguez-Acosta, además de ejercer como director durante muchos años.

En noviembre de 1968, el proyecto de camping en los terrenos ganados al mar va tomando forma y se pide la concesión de un terreno de 9.400 metros cuadrados, próximos a la playa, de una longitud de 200 metros y una anchura media de 40 metros. Tenía forma triangular. Por fin, durante el mes de agosto de 1970, abre sus puertas lo que será el camping 'La sirena loca', de unos 7.000 metros cuadrados, siendo el establecimiento del ramo más próximo al casco urbano, y se mantuvo abierto alrededor de 30 años.

En principio, la concesión será de 10 años para ir renovándose durante varios periodos. La empresa que lo iba a gestionar se llamaba Promotur y la formaban, además de mi padre, varias personas conocidas del pueblo como Juan Jiménez, Antonio García y Nicolás Linares, entre otros. Con el paso de los años, el número de socios fue aumentando hasta llegar a dieciocho. Agradecer a mi amigo Antonio López Romero algunos datos de su libro sobre el puerto de Adra. Para los jóvenes, debo decir que el camping se encontraba en los terrenos que hoy ocupan la piscina municipal, el parque adyacente y el paseo marítimo de la zona. Por lo menos, para alegría de los que tenemos grandes recuerdos del camping se ha mantenido el nombre de la playa como 'Sirena loca'.

Al principio, el establecimiento tenía capacidad para 250 personas, contaba con 50 parcelas para acampada a la sombra, un edificio de sanitarios con fregaderos en su exterior, un edificio para restaurante y bar, un salón social, una pequeña zona de parque infantil, zona de acampada al sol, una pista de tenis, edificio de recepción y pequeño supermercado, además de diversas fuentes repartidas por todo el establecimiento, todo ello ordenado por una calle central que llegaba a la misma playa y tres calles transversales. Se plantaron cientos de árboles de los que aguantaron, sobre todo, eucaliptos, acacias y alguna palmera. Las parcelas de sombra tenían el techo de cañaveras. En la entrada, contaba con unas grandes tinajas rojas características y un pequeño aparcamiento y zona sombreada junto a la recepción.

A principio de los años 90 y tras varios temporales, el camping perdió las parcelas más cercanas al mar y posiblemente las mejores. En total se perdieron 19 parcelas. Durante sus primeros años de existencia, el camping abría durante todo el año y la inmensa mayoría de los clientes eran extranjeros para después abrir solamente durante los meses de verano, siendo la clientela española la más numerosa.

Es muy difícil para mí resumir tantos años de vivencias en tan pocas líneas. Decir que el restaurante al principio fue regentado por Paco Vargas (que después ejerció de guarda de noche) y su mujer Trina, para después ser explotado por su hijo Paco y su primera mujer Loli. A continuación tomaron las riendas la familia Pelegrina Linares. Pepe Luis y su mujer Encarna junto con sus hijos que eran pequeños todavía, Encarna, Ani, la siempre sonriente y recordada Montse, Pepe y Jorge estuvieron al frente hasta que el camping echó el cierre al principio del siglo XXI. Supieron dar al negocio una idiosincrasia particular y cariño a todos los turistas y visitantes del pueblo que asomaban por aquel rincón.

No puedo dejar de recordar a Pepe Marmolejo que ejercía de encargado del establecimiento y los inolvidables Frasco (Francisco Giménez González) y Diego Espinosa López, encargados de mantenimiento y limpieza, que me hicieron vivir inolvidables anécdotas a diario. Ambos eran el alma del camping. También pasaron por allí Manuel y María, hijos de Frasco. Por la recepción pasaron entre otros Paco Luna, Juanjo Jiménez, Figueroa, Alfonso, Adolfo, Manolo Pérez, y yo mismo durante más de una década. Pido disculpas a todos los que no menciono, pero es imposible en tan corto espacio.

Todavía me pregunto qué ofrecíamos para que antes de abrir todas las parcelas estuvieran reservadas de antemano en su mayoría. Recorrían cientos o miles de kilómetros para instalarse en el mismo trozo de tierra. El camping era una familia heterodoxa de distintos sitios de España y de Europa. Desde luego su magnífica situación influía, pero creo que también fuimos capaces de ofrecer la amabilidad y la hospitalidad abderitana. Cada verano se producían los ansiados reencuentros y también las tristes despedidas.

Todavía existen grupos en las redes sociales que se llaman 'La sirena loca', donde se encuentran hijos de los campistas que nos visitaban en aquellos años. Recuerdo que, con motivo de las bodas de plata del camping, se hizo entrega de una placa de homenaje a cada campista de los que nos visitaban durante tantos años para luego ellos correspondernos, sobre todo a mi padre, con una placa de reconocimiento en un acto muy emocionante en la pista de tenis en el cual cada uno llevó un plato típico de su tierra.

Podría citar cientos de nombres de aquellos pioneros del camping en España pero recuerdo con cariño a Manolo Melgar, Sebastián Méndez, Maurice Goffin, Eugenio Álvarez, Pepe Cos, Lino Fiore, Manolo Álvarez, los valencianos Amadeo, Pepe y Luis, Manolo 'el moro', Luis Martínez, Loli y Ana Muñoz, Virtudes Castro, Santiago Quevedo, Pepe Miralles, Bruno Blasi, Ubaldo Ortega, Christian Duchesne, Miguel Betancor, Manolo Gallardo, Víctor Hidalgo, Cristóbal Mellado, la lista sería interminable. Algunos de ellos siguen ligados a Adra en la actualidad. Tanto los padres como sus hijos daban gran vida al establecimiento y al pueblo haciendo que el ambiente en verano fuera magnífico. Muchos de ellos tendrán recuerdos imborrables de aquellos años tal y como los tengo yo también.

Algunos en Adra recordarán también el camping por las populosas fiestas que se hicieron algunos años en Nochevieja.

Por último decir que el camping toma su nombre de una leyenda que mi padre escuchó de niño y que hablaba de una joven que se convirtió en sirena por locura de amor y cada año en el camping se rememoraba aquel hecho con una fiesta donde se mezclaban gentes de todos los lugares, haciendo de aquel rincón un lugar entrañable e inolvidable para mí.

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