Clásicos Populares (XIV): La Cañadú

Clásicos Populares (XIV): La Cañadú

Francisco Cuenca, colaborador de IDEAL ADRA&ALPUJARRA, dedica un artículo a la caña de azúcar

FRANCISCO CUENCAADRA

Excepto el artículo que dediqué al Hotel Abdera, todos los clásicos populares han rendido merecido homenaje a personas de nuestro pueblo. Pero en esta ocasión trataré de reivindicar parte de nuestra cultura agrícola, industrial, económica, social y gastronómica a través de algo que ha sido patrimonio abderitano durante casi cinco siglos. Se trata de la caña de azúcar, o como a mí gustaba llamarla de niño 'la Cañadú'.

Buceando en la página www.adracultural.es de mi amigo Antonio López Romero, accedo a información precisa e interesante sobre el tema que nos ocupa. Desde el siglo XVI, es decir, desde 1580 aproximadamente existen documentos que prueban el cultivo y la existencia de ingenios de caña de azúcar en nuestra localidad. Varios ingenios han existido durante todo este tiempo, siendo el último en cerrar el que se situaba a la salida de Adra hacia Almería y que hoy conserva varios edificios y las dos torres en donde se realizan distintas actividades y servicios. La última campaña de la Azucarera de Adra fue la de 1972. La caña de azúcar era un cultivo en declive, y el auge del cultivo de hortalizas, que eran y son mucho más rentables, terminó de hacer desaparecer las extensiones de caña que dotaban al paisaje de nuestra comarca de un aire parecido al que vemos en los países caribeños.

Con la caña de azúcar, se obtenían diversos productos, por supuesto, azúcar, alcohol, piensos con los restos de la molienda, y durante algunos años ron. La caña convivió con la remolacha en los ingenios pero para mí la cañadú es un cultivo ligado a nuestro pueblo de forma ancestral.

Los jóvenes de hoy seguramente habrán oído hablar de la caña de azúcar, a través de sus padres y abuelos, pero a buen seguro no habrá probado la caña como tal. En mi memoria quedan recuerdos de cuando venían algunos amigos forasteros y les tomábamos el pelo cuando comían por primera vez cañadú, y se tragaban los restos de caña que habían masticado, aquí los llamábamos chupones, que eran muy ásperos para la garganta, y no eran agradables de tragar.

La segunda vez que la comían la escupían como hacíamos los autóctonos. La cañadú tenía un sabor, por supuesto, dulce pero la textura de la caña y el chupar los pequeños trozos que nos echábamos a la boca, me evocan tiempos pasados de la niñez que a buen seguro comparten conmigo muchos de los abderitanos. La última vez que tuve la oportunidad de probarla fue hace algunos años, cuando observé que en algún puesto de la plaza tenían algunas cañas para vender. Aún hoy en la zona de Motril se sigue produciendo ron, pero las plantaciones de caña están desapareciendo también.

El cultivo de la caña de azúcar fue para nuestro pueblo columna vertebral de nuestra economía junto con la pesca durante muchos años; en la última fábrica llegaron a trabajar casi cuatrocientas personas, y para los agricultores era un seguro para su producción antes de la llegada de los invernaderos. A través del cultivo de la caña de azúcar, hemos conservado expresiones, palabras, y dichos que han enriquecido nuestro ya amplio vocabulario abderitano. Monda, Zoca, Chupón, etc., son términos que se han empleado en Adra y que no deberíamos dejar que se perdieran.

Actualmente conservamos el monolito que se erigió en 1965 y que está enclavado en la plaza del museo del mar. Es posiblemente uno de los últimos recuerdos de una época mejor o peor para los abderitanos según quien hable de ella, pero sin lugar a dudas llenará de recuerdos a muchos de los que hemos chupado de niños 'la Cañadú'. ¡Viva la Cañadú!

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