Clásicos populares (XV): La Granja

Clásicos populares (XV): La Granja

Francisco Cuenca dedica uno de sus artículos en IDEAL Adra&Alpujarra al mítico bar abderitano

FRANCISCO CUENCAADRA

Es difícil escribir un artículo cuando se mezclan sentimientos de amistad, admiración, y respeto hacia unos grandes profesionales como son los actuales regentes de la taberna y el pub «La granja». Mis amigos Manolo y Rufino.

Si hay un establecimiento clásico y señero en Adra, éste es sin lugar a dudas el bar «La granja». Abrió sus puertas en plena posguerra española el cinco de septiembre de 1945 y sirvió sus últimos cafés el diez de septiembre (último día de feria) del año 2000. Son más de cinco décadas dando servicio a los abderitanos. Situado en la puerta del mar, centro neurálgico de nuestra localidad, durante todos estos años ha sido testigo indiscutible de la vida social abderitana.

En aquel año de 1945 los cuñados Manuel Parrilla Serantes y Rogelio Vargas Ucedo, que todavía era menor de edad, deciden abrir el Café Bar «La granja», que con los años se convertiría en el más popular de nuestra localidad. Rogelio, junto a su mujer Concha, se hizo con la regencia en solitario del negocio en el año 1978. Podríamos nombrar a decenas de empleados que pasaron por su barra o por su terraza, pero entre todos ellos siempre destacaría Francisco Toledano, el gran Paquillo el de «La granja». Si un empleado tiene como apodo el nombre del negocio donde trabaja, eso quiere decir mucho sobre su dedicación y pasión por su quehacer diario.

Me cuenta Manolo, uno de los herederos de la saga, que entre las muchas historias destaca aquella que ocurrió durante el mes de marzo de 1981, cuando después del terrible accidente que ocasionó varios fallecidos entre nuestros paisanos en una excursión a las fallas, el bar «La granja», permaneció abierto durante más de 24 horas sin cerrar, dando servicio al velatorio que se instaló en la iglesia parroquial. En aquella época no existían tanatorios ni nada parecido, y en «La granja», ofrecían el servicio a los domicilios donde se velaba a los fallecidos suministrándole leche y café.

Dentro de las anécdotas más agradables, podemos recordar que durante muchos años el bar «La granja», ofrecía servicio a domicilio a las familias más pudientes y también llevaban el café a las dependencias del ayuntamiento sin que los empleados bajaran al bar. Queda claro que el servicio a domicilio no lo han inventado las franquicias actuales. Ese café que durante los primeros años mezclaban ellos en su local, ya que se vendían por separado el natural y el torrefacto, otorgaba un aroma especial al entrar entre aquellas cuatro paredes.

Digno de contar es también como enfriaban sus productos cuando no existían frigoríficos. Adquirían grandes barras de hielo en la fábrica del puerto para luego convertirlas en hielo desmenuzado con el esfuerzo que ello conllevaba.

Otra imagen que quedaba grabada en las retinas de todos los que entrábamos al bar «La granja», era sin duda, la pizarra en donde se apuntaban los resultados de los partidos de fútbol y la quiniela. Era auténtico arte efímero. Miguel Jódar pintando con un fino pincel mojado en tiza pulverizada y diluida en agua, según me cuenta Manolo, dibujaba auténticas maravillas de letras y números que eran seguidos con verdadera pasión por los aficionados que esperaban ver los resultados en aquella pizarra. Luego lo seguiría haciendo el hermano de Paquillo, José María.

Rogelio y Concha tuvieron cinco hijos, Rogelio, Pepe, Rufino, Manolo e Isabel. Dos de ellos, Manolo y Rufino, componen la segunda generación que regenta lo que hoy es la taberna que abrió sus puertas en el año 2001 como local de copas y luego se reinventó en lo que es hoy, uno de los mejores sitios para tapear y comer de Adra. No en vano, han obtenido reconocimientos como el plato de oro de la cocina almeriense y ser recomendados por la plataforma Tripadvisor. Y el pub «La granja», que se inauguró en el año 1987 estando abierto todavía el mítico bar de la Puerta del Mar.

Es muy difícil citar a todos las personas que trabajaron durante todos esos años en «La granja», Pepe Catuela, Antonio Alonso, Emilio «El miembro», y más recientes, Juan Carlos, Víctor, Chuchi, Paco Toledano, Antonio Oliva, Juan, y tantos otros (ruego que me perdonen si no los cito), pero lo que si supieron inculcar Rogelio y Concha a todos ellos fue la constancia, el trabajo, la amabilidad, y una gran profesionalidad, que los actuales dueños inculcan a su vez a sus empleados y a sus familias. Manolo y Rufino empezaron a trabajar desde niños. Aquella terraza en la época en que no existían los teléfonos móviles era el lugar de reunión de los jóvenes abderitanos. Su limón granizado con granadina, sus tapas de calamares y carne en salsa, y la novedad de las tapas de plancha a mediados de los años ochenta, son recuerdos imborrables para muchos paisanos. Camareros voceando tapas y servicios a toda velocidad esquivando sillas y mesas de forma inverosímil para no caer.

La amabilidad y profesionalidad de Manolo y Rufino aseguran que tendremos el negocio de «La granja» durante muchos años. Como amigo que me considero de ellos, les quiero dar la enhorabuena por ser como son y pedirles que continúen siéndolo. Me gusta cuando Manolo adivina que tapa quiero, o con qué billete le voy a pagar adelantándome la vuelta, y cuando te busca una mesa cuando no las hay, y me gusta cuando bromeo con Rufino y jamás me pone mala cara. Larga vida a «La granja».

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