Clásicos Populares (XLII): Bar Emilio

Es muy difícil explicar con palabras cómo una simple tapa de lomo a la plancha se puede convertir en una exquisitez

FRANCISCO CUENCA ADRA

La historia de esta familia dedicada desde siempre a la hostelería comienza cuando Miguel Emilio Lao Sánchez (los clientes más veteranos lo conocen por Miguel Emilio), nacido en 1952, empieza a trabajar en el muy célebre Bar Alfonso junto con su hermano Manolo (otro clásico de la serie) que era cuatro mayor que él, ayudando a sus primos Alfonso (recientemente fallecido y sin duda merecedor de otro artículo para él solo) y Pepe.

Emilio se casa en el año 1975 con Encarna Pérez Viñolo y tienen cuatro hijos, Encarna (1976), María del Mar (1978), Emilio (1984) y Manolo (1991). Juntos deciden aceptar en el año 1980 la propuesta de regentar el bar del Casino de Adra en el que permanecerán hasta el año 1985 en que deciden abrir su propio negocio. En ese año nace un establecimiento señero y popular donde los haya, el Bar Emilio. Se trata de un pequeño local situado en la calle Cervantes (mucha gente no sabrá como se llama la calle pero saben perfectamente donde se encuentra el Emilio).

El negocio funciona bien y lo que era una barra y poco más sufre la primera ampliación en el año 1990 añadiendo al negocio el local de al lado.

Emilio padre se jubiló recientemente en 2017 después de pasar en 2006 una enfermedad que lo tuvo un tiempo alejado de sus quehaceres. Su mujer también se ha jubilado ya pero le gusta aparecer por el bar para ver como va la cosa. En el negocio siempre han colaborado todos los hijos y actualmente lo gestiona la segunda generación tanto en la cocina como en el servicio de barra y mesas.

Emilio Lao Pérez, el mayor de los varones, fue el que empezó a trabajar en el bar. Y lo hizo a la temprana edad de 10 años compaginándolo con el colegio, algo impensable en la actualidad. Eran otros tiempos y los hijos ayudaban desde muy niños.

Yo tengo la imagen de Emilio siendo un enano sirviendo a toda velocidad las mesas de la terraza. En 2009 el Bar Emilio sufre la última reforma y da un salto de calidad en cuanto a variedad de tapas y raciones.

Es muy difícil de explicar con palabras como una simple tapa de lomo a la plancha se puede convertir en una exquisitez digna de la más alta cocina, cómo una tapa de morcilla, pincho, tocineta, melva, etc. pueden pasar de ser unos típicos bocados de cualquier bar a una delicia en la boca de cualquier abderitano y todo ello acompañado de un servicio esmerado, agradable y con una rapidez increíble.

A veces, llega la tapa antes que la bebida. Por supuesto, el mérito de todo esto se debe a la calidad del producto, del saber hacer en la cocina, y de la profesionalidad de Emilio a la cabeza y de todos los que trabajan allí. A esa profesionalidad unen tanto Emilio como Manolo una amabilidad extrema.

A modo de anécdota contar que en una ocasión quedé con mis hermanos para tomar unas cervezas mientras mis sobrinos iban al cine de verano en el colegio San Fernando. Mi respuesta fue que si tomábamos cañas al ritmo que sirve Emilio y la película duraba dos horas íbamos a terminar bastante perjudicados.

Como ya he comentado desde la última reforma el establecimiento hostelero abderitano ha apostado por aumentar su carta de tapas y sobre todo de raciones, de forma que es muy difícil encontrar sitio en su terraza o en el interior salvo que se reserve o se vaya muy temprano. Es el precio del éxito y de las cosas bien hechas.

Actualmente en la cocina trabaja Encarna, una de las hijas con dos personas más y en la barra se encuentran dos empleados además de Emilio y Manolo.

Sin duda, cuando viene alguien de fuera y quiere conocer cómo se tapea en Adra hay que llevarlo al bar de Emilio, sobre todo si se va con niños, ya que sus tapas les chiflan. Su ubicación también influye, ya que al lado se encuentran los jardines de Heredia, lugar en el que pueden disfrutar sin peligro los más pequeños y en su terraza hay una temperatura ideal.

No quiero olvidarme de los bocadillos para llevar que te ofrece Emilio. Menudos atracones se meten los enanos con sus bocadillos de lomo. Y para terminar, no podíamos pasar por alto su madridismo incondicional del que hacen gala tanto el padre como los hijos, representado con un cuadro del escudo del equipo de sus amores en una de las paredes. Siempre ha sido un bar frecuentado por los jugadores de las distintas categorías del equipo de Adra y muy ligado al deporte.

Probaremos muchas tapas de lomo en muchos lugares pero como la tapa de lomo a la plancha del Emilio no creo que haya otro igual.

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