Clásicos Populares (XLVIII): la Feria

Francisco Cuenca centra su artículo en las fiestas patronales: «No creo que exista nada más clásico y popular en Adra que la feria de septiembre dedicada a nuestros patronos»

FRANCISCO CUENCA ADRA

Si hay algo que sea común a todos y cada uno de los abderitanos, es el deseo y anhelo de la llegada cada año de nuestra querida feria de septiembre. Los orígenes de la feria de Adra se remontan a 1.853 cuando la reina Isabel II concedió a Adra la celebración de una feria de ganado los días 4, 5 y 6 de septiembre. Esta feria tenía lugar en honor de la Virgen del Mar, que hoy en día continúa siendo la patrona de nuestra localidad. La elección de San Nicolás de Tolentino como patrón de Adra tuvo lugar en 1.864 ratificada un año más tarde por el papa Pío IX y esto llevó a ampliar la extensión de la feria hasta el día de 10 de septiembre, festividad del santo patrón. La festividad de la Virgen del Mar es el día 8 de septiembre. Al principio era como he comentado una feria exclusiva de ganado como en la mayoría de las poblaciones, para ir evolucionando a su carácter más festivo y a lo que hoy conocemos como feria y fiestas de Adra.

La ubicación de la feria también ha ido cambiando. Durante los primeros años la verbena se celebraba en la Puerta del mar y las atracciones se ubicaban en una plaza que existía en donde se encontraría después el casino de invierno en la carrera de Natalio Rivas. Ya existía en esta época la afición a tomar churros con chocolate a la hora de recogerse. En los años sesenta la feria se traslada al campo de fútbol que había en la calle Tarrasa dónde hoy está el patio del colegio San Fernando. A mediados de los años setenta, la feria vuelve a migrar a la explanada del puerto y aparecen las primeras casetas, la mayoría de índole político debido a los acontecimientos que se estaban viviendo en aquellos años. La caseta popular, los festivales de música, teatro y flamenco se celebrarán en esos años en el polideportivo del colegio San Fernando conocidos por todos como «el poli». No es hasta los años ochenta cuando se produce el traslado de la feria a su ubicación actual junto al pabellón de deportes, centro de salud, etc.

Estos son los datos históricos y fechas señaladas, pero la esencia de la feria siempre han sido sus atracciones (los cacharricos como llamamos en Adra), y todo lo que conlleva la celebración de nuestra fiestas. El día de las carrozas (y comprarte un helado en «los valencianos»), las cucañas, el concurso de castillos de arena, la procesión de la Virgen del Mar y de San Nicolás, las casetas que han ido evolucionando como la vida misma, desde aquellas primeras reuniones de amigos con tintes políticos, hasta las actuales de los jóvenes. El tiro pichón con sus escopetas de perdigones. Los puestos de turrón, los caballicos. Los toros y la charlotada. Las actuaciones de primeras figuras de la música, teatro, humor y flamenco durante los festivales. La caseta municipal o popular donde todo el mundo tiene cabida. Los churros de Maruja en la calle Tarrasa, las patatas fritas «La abderitana» de la familia Orejudo también en la misma calle que conducía al ferial del puerto. La elección de la reina de las fiestas y sus damas. El pregón de alguna persona destacada de nuestro pueblo. La fotografía vestido de indio que hacían en una especie de estudio ambulante. Los niños y niñas con sus trajes de gitana. Las marionetas de Peneque y Chupagrifos de la compañía Miguel Pino que actuaban también en el polideportivo. La cámara de fotos que al disparar salía un payaso de una especie de muelle, comprar un algodón o un martillo de caramelo a los más pequeños, las cunicas o paticos dónde daban la vuelta entera los más osados, los coches de choque, por supuesto, la tómbola con el vociferante locutor llamando a su secretario para que le acerque una muñeca chochona o un perrito piloto.

Las primeras veces que se trasnocha hasta ser de día y tomarte unos churros (aunque ahora la juventud lo hace todo el año). Los pinchos morunos que hacían en los bares ambulantes. La verbena que se organizaba en el Hotel Abdera y también en el casino de verano que conocemos como el kiosco. Ojear cuando eres niño en el programa de la feria todos los acontecimientos a los que vas a asistir. La diana a primera hora de la mañana que cuando eres adolescente empieza a hacerte menos gracia al despertarte, y sobre todo, el ver tu pueblo volcado en unos días en que la mayoría toman las únicas vacaciones de las que disponen al cabo de año.

Como todo, nuestra feria ha ido evolucionando y hace ya algunos años incorporó la feria del mediodía y como siempre es señal del final de verano y el comienzo del colegio para los más pequeños. También ha sido parte de nuestra feria el hecho de que cada 11 de septiembre nuestro pueblo pareciera un pueblo fantasma al encontrarse todo cerrado (cada vez menos pero antes eran casi la totalidad de los establecimientos). Esa ilusión por nuestra feria que nunca debe de verse invadida por costumbres foráneas y debe conservar su idiosincrasia particular de nuestra localidad y compartirla con todos los que nos visitan en esas fechas. No creo que exista nada más clásico y popular en Adra que la feria de septiembre dedicada a nuestros patronos.

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