Mantenga limpia la ciudad

Mantenga limpia la ciudad

Artículo de opinión escrito por Antonio Román

ANTONIO ROMÁNADRA

Franco se pasó la mayor parte de su vida obsesionado con la limpieza, sobre todo de sus rivales políticos, republicanos y comunistas. A los comunistas les tenía una manía especial, pues los consideraba hijos de Satanás, que había venido a la tierra a amargarle la vida. Dicha obsesión se convirtió en horribles pesadillas. En ellas era perseguido por decenas de diablillos que, horca en mano, intentaban encontrarlo, a la vez que le lanzaban llamaradas de fuego por la boca. Cuando despertaba, las gotas de sudor que le salían a chorros eran del tamaño de una pelota de tenis, según había declarado su esposa, doña Carmen Polo, a sus amistades más íntimas.

Poco antes de morir, seguía erre que erre, así se explicaría que en su testamento en vez de dejarnos el Pazo de Meirás, el Palacio de Cornide o el Canto del Pico, que por lo visto le sobraban las fincas para que nos hiciésemos residencias de ancianos, colegios o psiquiátricos, nos dejó un eslogan: 'mantenga limpia la ciudad'.

He visitado pueblos, villas y ciudades de nuestra querida España y hay de todo, como en la viña del señor Marqués. Hay lugares donde no necesitas el plato para comer la tortilla de patatas o el lomo rebozado, lo echas directamente a la acera y la puedes comer tranquilamente sin temor a coger una infección bacteriana.

En cambio en Adra, como se te ocurra hacer la misma maniobra, en cuanto el lomo rebozado conecte con la acera, es atacado por millones de bichitos, lo que se podría considerar incluso como un ataque bacteriológico. Como se te ocurra pegarle un mordisco, el siguiente paso será acudir al Hospital de Poniente para que te hagan un lavado de estómago porque, como las bacterias superen las líneas defensivas, el señor de la funeraria te estará esperando, cinta métrica en mano, para tomarte las medidas del que será tu último mueble de madera.

El problema de la limpieza en Adra no se resuelve con más contenedores, papeleras o doblando el número de barrenderos, al menos así lo creo yo. Se resuelve con más 'educación vial'. Educar a un ensuciador o ensuciadora es tarea imposible porque son grandes profesionales en este campo y acumulan muchos años de experiencia. Sacan al 'mascoto' o a la mascota (el 'mascoto' es el macho de la mascota) y ahí dejan el regalito para que lo coja el siguiente. Los grandes comedores y comedoras de pipas, que después de una sentada dejan el suelo que recuerda a las eras del pasado cuando acababa la trilla.

En cambio, educar a un niño o niña es tarea bien sencilla y lo agradecen. Alguien debería tomarse este asunto en serio y acudir a los centros de Educación Infantil y Primaria, donde a través de documentales, charlas o clases prácticas se les pueda explicar a los niños y niñas la importancia de la limpieza y sus beneficios sociales y medioambientales. Así, poco a poco, irán tomando conciencia del tema.

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