Los mil y un Marruecos

Los mil y un Marruecos

MORIAN PARRILLA ADRA

Soy de las personas que creen que las cosas no pasan por casualidad y creo que en mi camino estaba el acabar de voluntaria. Siempre había querido conocer sitios diferentes, no desde el punto de vista de turista, sino pudiendo conocer a las personas de base y pudiendo aportar algo, por mínimo que fuera al sitio que visitaba. Pero ni encontraba el momento ni encontraba las personas que me acompañaran, con lo que, era de esos proyectos que se quedaban guardados en un cajón.

Un viaje a Londres con amigos, lo abrió de nuevo. Ángel , la pareja de un gran amigo mío, comentó que estaba pensando irse de voluntario a Marruecos, y sin dudarlo dos veces, le dije «por favor, me quiero ir contigo». Cuando bajamos del avión, en el minúsculo aeropuerto de Er-Rachidía, tras horas de viajes en diferentes medios de transporte, lo primero que sentimos fue el calor sofocante a pesar de que era la una de la mañana.

Súper inquietos e inseguros salimos del aeropuerto donde nos esperaba nuestro anfitrión de la asociación Taous-Asot, Driss Aoujil, junto con sus compañeros Alison y Brahim. Aún quedaba una hora de camino hasta la ciudad Boudenib, donde íbamos a estar diez días. Estábamos agotados, tras horas de viaje, a la par que expectantes ante todo lo que íbamos a vivir. Fue un camino ameno y cordial en el que tanto Driss, con su encanto como Alison con su dulzura nos hicieron sentirnos cada vez más cómodos.

Llegamos allí a las 3 de la mañana y nos recibió quién iba ser nuestras manos y nuestros pies durante esos días, nuestro querido anfitrión, Yunes. Nos recibió con una atención y cariño que nunca pudimos imaginar.

Esa noche dormimos por cansancio extremo, aunque con el pensamiento (yo por lo menos y creo que en el de ellos también) de cómo iba a ser nuestro tiempo allí. ¿Y sabéis? Nunca pude imaginar, por lo menos en mi caso, que sería la mejor experiencia de mis años de vida.

Vas pensando lo mucho que quieres aportar, enseñar y compartir tanto con los niños como a los adultos que conoces allí pero vuelves siendo alguien completamente diferente por lo muchísimo que te han aportado ellos.

Hemos conocido a personas realmente maravillosas. Familias maravillosas como la de Yunes, la de Brahim, la de Driss. Bonitas y encantadoras familias que nos han hecho sentir como si nuestra casa no estuviera a kilómetros de distancia porque nos han hecho parte de sus casas a pesar de ser unos perfectos desconocidos. Nunca me sentido tan querida y arropada como con ellos.

Y como no, los niños. Los increíbles niños y niñas del colegio donde estábamos, que día a día nos daban todo. Su ilusión, su inocencia, su alegría, su cariño, su hospitalidad, sus ganas, sus abrazos, sus besos. Nunca se podrán imaginar todo lo bueno que nos han dado y lo mucho que nos han enseñado, sobre todo que el amor no tiene barreras ni lingüísticas, ni de razas, ni de culturas, es amor sin más. Los juegos son juegos en cualquier idioma y la risa, el tacto y las miradas no necesitan de más

Cada vez que cierro los ojos, y rememoro el atardecer en el desierto de Merzouga, las gargantas del Dadés, Uarzazat y su impresionante desfiladero. Paisajes llenos de contrastes difíciles de olvidar. Son vivencias únicas y difíciles de repetir. Y como en los sueños bonitos, nos despertamos tan rápido que nos supo a tremendamente poco. Hacer la maleta y volver nos dejó ese sabor agridulce de algo que no quieres que se acabe pero con la absoluta de seguridad que volveremos.