La mujer en la historia: violencia de género

«La educación tiene que ser el primer paso para que desde la infancia se nos vea a hombres y mujeres con los mismos derechos»

ANA MARÍA CALLEJÓN ADRA

¿Cuántas mujeres más tienen que ser asesinadas por sus parejas o exparejas? ¿Cuántas hijas y cuántos hijos tienen que ser asesinados para hacer sufrir de la manera más salvaje a la mujer? Tenemos leyes que protegen a la mujer: Ley de Igualdad efectiva de hombres y mujeres de 2007, la Asunción del Convenio de Estambul de 2014 y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género de 2017.

Pero el número de mujeres «asesinadas» no deja de crecer, ¿que falla? Desde 2003, han sido asesinadas en nuestro país 1117 mujeres, 37 en lo que va de año, más las que no están en registros oficiales. Fallan muchos factores, ejemplo, el cómo se tratan los asesinatos por los medios de comunicación (no por todos). Se tendría que tener un registro oficial con los nombres de todos los hombres que ya han sido declarados maltratadores.

¿Realmente los maltratadores se reinsertan? ¿Corrigen su manera de actuar? Si le preguntamos a expertos, muchos nos dirán que no, ya que lo más peligroso es que el maltratador «cree» que está actuando correctamente. Fallan las ideas que circulan entre algunos colectivos (partidos políticos) con las que quieren enmascarar estos comportamientos, endulzándolos con apelativos como «violencia en el seno familiar, la mujer también mata», y otras lindezas por el estilo. Y al mismo tiempo se insulta a las personas que luchan para que esta lacra desaparezca (feministas) con apelativos tan denigrantes como feminazi.

La educación tiene que ser el primer paso para que desde la infancia se nos vea a hombres y mujeres con los mismos derechos, tiene que ser coeducativa, no se trata de dar o hacer unas actividades en días señalados, por que toca o lo manda la ley, el proceso de enseñanza aprendizaje tiene que estar impregnado de ese ideal que ya se lleva tiempo reivindicando, de hacer ver a un niño o una niña, que no hay colores, (rosa, celeste), ni juguetes (camión, muñeca), ni cualidades (valentía, sensibilidad), que sean de unos o de otras.

Cuando son adolescentes, chicas y chicos si han crecido con estos parámetros, a ninguno se le ocurrirá pensar que el ser chico lleva aparejado unos deportes, unas habilidades, unos estudios (carreras) o trabajos, distintos a los de las chicas.

El punto neurálgico está en que cada persona (independientementedel género) pueda elegir, tenga libertad de elección, que elija aquello que le llene, le guste, le haga realizarse, sin tener que pasar la criba de obstáculos que el patriarcado ha impuesto a lo largo de la historia (padre, tutor legal, marido) de ese patriarcado ha surgido el machismo que tantas vidas ha segado y sigue quitando.

Cuando nadie sienta que por ser «masculino» es superior y tiene poder sobre el otro género «femenino», desaparecerán estos crímenes tan horrendos y que tanto dolor, daño y huérfanos, están dejando. La sociedad tiene un papel importantísimo y dentro de ella, además de la escuela, la familia, desde las horas que un niño o niña visualizan redes sociales. ¿Qué están viendo? ¿Violencia? ¿La música que escuchan, el contenido de las canciones, los juegosno llevanviolencia? Hay que cambiar muchas cosas y en este trabajo todas y cada una de las personas podemos aportar nuestro granito de arena y haremos una playa y una sociedad más tolerante, respetuosa, empática y comprometida, en definitiva más democrática, con los valores, en este caso con el de la igualdad de género.