'Volver'

Artículo escrito por Francisco Cuenca, colaborador de Ideal Adra&Alpujarra, publicado en la edición impresa del diciembre

FRANCISCO CUENCA ADRA

Es el primer año que la abuela María no está. Toda la familia, desde los más pequeños hasta los más grandes, no quieren decir nada al acercarse la Navidad, pero todos piensan lo mismo. La abuela no está. Ella lo era todo, ejercía de nexo de unión y de articulación flexible de cada uno de nosotros. Su senectud bien llevada, su aspecto afable, y sus arrugas marcadas no podían eclipsar su felicidad y su brillo cuando llegaban estos días y nos reuníamos en torno a ella. Era el motivo del deseo de la llegada de estas fechas a pesar de que hacía unos años que el abuelo Manuel nos había dejado.

Ella no volverá.

La ilusión de los más pequeños por buscar los escondites donde la abuela les ocultaba los regalos hasta el día de Reyes, el mismo menú casi todos los años, ver el especial de Nochevieja con los pequeños en la televisión mientras los jóvenes salían a divertirse, el caldito caliente del día de Año Nuevo para mitigar la noche de excesos y también por supuesto la regañina cariñosa por habernos pasado de la raya.

Esto no volverá.

La llamada de la abuela María a los primos que venían de camino para juntarnos el día 25 de diciembre, esconderle el turrón de chocolate para que la diabetes no se le disparase, y a regañadientes medio engañarla diciendo que no queda más cava para que no diera rienda suelta a su afición por la bebida espumosa a pesar de la edad.

Esto tampoco volverá.

Nadie decide donde reunirse este año. La casa de la abuela está vacía, pero los recuerdos son tantos que ni se plantea la idea. Cada habitación, cada mueble, cada rayo de luz, cada ventana, cada detalle de la decoración evoca miles de recuerdos, sobre todo buenos, y hace que la nostalgia venza a la ilusión de juntarse.

Allí no se volverá.

Colocar el portal de Belén encima del arca de la entrada, adornar los marcos de las puertas con guirnaldas, colgar un pequeño Papá Noel en la baranda de la terraza, aunque la abuela era más de los Reyes Magos, preparar una bandeja con los mazapanes y los mantecados de Fondón o de Laujar, encender por primera vez el árbol de Navidad y las peleas de los enanos por colocar los adornos.

Nada de eso volverá.

Y ayer tuve que ir a casa de la abuela María a recoger un libro que me hacía falta para un trabajo de los niños. Y observé su fotografía junto al abuelo Manuel. Jóvenes, guapos, enamorados, y felices como fueron siempre.

No lo dudé, llamé a los primos para que vinieran el día 25 a comer, decidí preparar el mismo menú de todos los años, esconder los regalos de los más pequeños en los mismos lugares donde lo hacía ella, veremos el especial de Nochevieja y prepararemos un caldito para el día de Año Nuevo.

Saqué de una vieja bolsa el Belén y lo puse sobre el arca de la entrada, colgué las guirnaldas en los marcos de las puertas, y puse el árbol de Navidad en el mismo lugar de siempre, y fui a buscar unos mazapanes, turrón de chocolate y mantecados de Fondón y de Laujar para colocarlos en una bandeja junto con los piñones y peladillas que se derretirán y lo pondrán todo pegajoso.

Y ya hoy, que es el día de Reyes, estamos todos reunidos en la casa de la abuela María. Vamos a sacar los regalos de los renacuajos y nos vamos a tomar unas cuantas copas de cava pensando en ella, en la abuela María.

Ella ha vuelto.

Todo ha vuelto.

Todo siempre volverá.

Allí hemos vuelto.

Y todos siempre volveremos junto a ella cada Navidad, en donde sea, que más da, pero volveremos y prepararemos las mismas cosas y haremos las mismas cosas. Los pequeños se irán haciendo grandes, y nosotros iremos envejeciendo pero lo importante es volver.