La infancia y la adolescencia son etapas determinantes en el desarrollo de una persona. En este momento vital se asientan las bases de cómo será el resto de su vida. Pero tenemos ante nosotros una realidad urgente: los problemas de salud mental en niños y adolescentes no dejan de aumentar y conllevan consecuencias muy graves tanto para su presente como para su futuro.
En España, el 50% de los trastornos mentales comienzan antes de los 18 años y un 35% empiezan antes de los 14 años, tal y como se desprende del Estudio PSICE elaborado por el Consejo General de la Psicología en España. Este documento analiza un amplio repertorio de evidencia científica para ofrecer una radiografía completa de la salud mental de los adolescentes. Entre sus reflexiones más importantes destaca la necesidad ineludible de promover, proteger y cuidar la salud mental durante la infancia y la adolescencia, mediante una respuesta integral, multinivel e intersectorial.
La adolescencia como etapa clave para la prevención y el diagnóstico
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recoge que, en todo el mundo, uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, entre los que se encuentran trastornos emocionales como ansiedad y depresión, trastornos del comportamiento, trastornos de la conducta alimentaria, psicosis, suicidio y conductas autolesivas.
En España, según el Estudio PSICE, el 12% de los adolescentes están en riesgo de padecer problemas emocionales y conductuales. Un 6% de los participantes en la investigación presentaron síntomas graves de depresión y un 26% síntomas de depresión moderada. Respecto a la ansiedad, un 15% sufre síntomas graves y un 20% moderados.
Además, un 4,9% de los participantes reconocieron que en algún momento habían intentado quitarse la vida. Conviene subrayar que el suicidio es la principal causa externa de muerte entre los jóvenes españoles. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 se registraron 76 fallecimientos en edades comprendidas entre los 15 y los 19 años, siendo esta la cifra más alta registrada en los últimos 25 años.
Los investigadores del Consejo General de la Psicología en España sentencian que los problemas de salud mental son uno de los principales desafíos a los que se tienen que enfrentar las familias, los centros educativos y los sistemas sanitarios y sociales. El hecho de que la mitad de los trastornos debuten en etapa escolar evidencia la importancia del diagnóstico precoz, a fin de evitar que estos problemas de salud mental se agraven.
Precisamente, el documento considera que la adolescencia es una ventana óptima para implementar intervenciones de promoción del bienestar psicológico y la prevención de los problemas de salud mental. Por su parte, la OMS defiende que proteger a los adolescentes de las adversidades, promover su bienestar psicológico y asegurar que tengan acceso a servicios de salud mental son medidas fundamentales para velar por su salud.
Romper el tabú y concienciar en todos los niveles
Las consecuencias de los problemas de salud mental en los jóvenes repercuten en su vida personal, familiar, social, educativa e incluso a nivel económico. El Estudio PSICE se hace eco de investigaciones previas que indican que los jóvenes con problemas emocionales como ansiedad y depresión refieren peor calidad de vida, autoestima y rendimiento escolar, así como más problemas de salud. Además, padecer un trastorno depresivo en la adolescencia está asociado con mayores tasas de abandono académico y de desempleo en la edad adulta.
El documento pone de manifiesto una realidad preocupante, que es la alta prevalencia de adolescentes con ansiedad y depresión subclínica. Es decir, aquellos que no llegan al umbral del diagnóstico, pero aun así están asociados con psicopatología y riesgo de suicidio. Así, los síntomas subclínicos se erigen como un predictor de suma importancia a la hora de desarrollar un trastorno mental en etapas posteriores de la vida, siendo señales de alerta que no deben pasarse por alto para un diagnóstico precoz.
Sin embargo, el estigma es una barrera importante que limita el diagnóstico y el progreso. Por consiguiente, los investigadores defienden que la información, la formación, la sensibilización y la concienciación sobre salud mental son algunas de las mejores herramientas para su prevención. Disminuir el estigma y desterrar tabúes se erigen como una medida de prevención clave.
El informe La situación de la Salud Mental en España, elaborado en 2023 por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña, recoge que el sufrimiento, la soledad y el aislamiento son habituales en los relatos de las personas con problemas de salud mental. Por eso, también reivindican dar visibilidad a esta realidad, para que quienes atraviesan esta situación no tengan que hacer frente también a los prejuicios y la falta de conocimiento.
Así, los expertos coinciden en reivindicar la importancia de implementar estrategias de prevención multisectoriales: con programas de educación y prevención en las escuelas, con la formación de las familias y un refuerzo de la atención sanitaria. Para promover la salud mental en el presente y el futuro de los jóvenes, el diagnóstico precoz, la concienciación y la ruptura del estigma son esenciales.