Dalías convierte en pólvora sus plegarias
María Torres
Minutos después de las ocho y media de la tarde, el Santo Cristo de la Luz de Dalías hacía ayer acto de presencia ante las puertas de la iglesia de Santa María de Ambrox. Como cada tercer domingo de septiembre, la imagen bendijo a sus fieles a lo largo de un desfile procesional donde el olor a pólvora y el perfume a nardo simbolizan la devoción y el sentir de miles de devotos. Es un momento 'mágico' tanto para los dalienses como para los peregrinos que llegan a pie hasta Dalías. Todos, sin excepción, levantan los brazos al cielo y exaltan el sentimiento que les despierta su 'luz'. El ruido tan característico de esta festividad no se hizo esperar. Nada más salir del templo, un repique de campanas dejaba paso al disparo de miles de cohetes y al estruendo de una espectacular traca. La tierra tiembla y el cielo se ilumina. «Cada cohete, una plegaria. Cada bomba, una oración», rezan sus fieles. Es la singular bienvenida que Dalías prepara para un Cristo que concentra a cerca de 80.000 personas en su día grande. Como manda la tradición, la venerada imagen inició en la plaza del Ayuntamiento un recorrido por las principales calles de la localidad. Un desfile en procesión donde las ofrendas al Cristo se transforman en pólvora, pétalos o perfume de la mano de distintas peñas. La primera en quemar su tradicional traca en honor al Santo Cristo de la Luz fue la Peña Festivalera, a su paso por la plaza del Mercado. Tomó el relevo Antonio Lucas con su ya habitual ofrenda. Llegó, entonces, el momento de la Peña La Petalá, en la Placeta, que roció al Cristo con los pétalos de 12.000 claveles y, por primera vez, con la flor de la buganvilla. En esta misma calle, la Peña El Perfume recupera una tradición ancestral impregnando la imagen con el mejor de los perfumes, el olor a nardo.